P: ¿Cuál es tu opinión sobre las diferencias que surgen entre las distintas líneas de enseñanza del Curso? ¿Será producto de lo complicado que es el ego?

R: Efectivamente, no es más que eso. Los maestros y estudiantes del Curso son iguales que todos los demás, conozcan o no al Curso; tienen mentes divididas y están “en desarrollo”, por eso surgen las facciones normales, intereses separados, y controversias, entre formas específicas que tengan que ver con el Curso, comunidades/buscadores espirituales, y seres humanos en general.
 

Es todo muy normal. En vista que la enseñanza en el sentido formal no es más que forma y no implica ningún nivel concomitante de desapego del ego, creo que es correcto afirmar que casi todo maestro de UCDM seguiría teniendo algún grado de apego a su propio especialismo. Indudablemente, ésta sería la realidad de cualquier maestro que se identifique como maestro. La metafísica del Curso diría que si te identificas como un cuerpo, si crees que tienes una misión espiritual, debes estar aferrándote a algún rastro (o más) de especialismo. (Es dable observar que ello no es precisamente un pecado.)

Debido a que el especialismo ve diferencias y les otorga realidad, juzgando que son importantes, esa percepción errónea estaría reflejada en la forma que uno enseña el Curso. Aparecería en una o más de las formas que se ven en general: el deseo de poder, fama, reconocimiento, dinero, estatus; la necesidad de que a uno se le conceda “la razón”, que parezca espiritual – ¡o incluso iluminado! – y especial. Todo esto requiere que los demás maestros estén equivocados, que sean inferiores, menos especiales. El paso siguiente más “lógico” desde el punto de vista del ego, sería defender y justificar esta posición. Ahora la división y la controversia son inevitables.

Para colaborar con este propósito, muchos buscadores espirituales “disfrutan” del especialismo de identificarse con el maestro que consideren el “más especial,” pues esto los convierte en estudiantes muy especiales, y algunos maestros agradecen la atención y el reconocimiento. Cuando un maestro de especialismo está listo, el estudiante que busca el especialismo aparecerá para participar en una relación de mutua satisfacción. Casi todos hemos aprendido esta lección en algún momento de la vida.

Aunque el maestro carezca de especialismo, algunos estudiantes defenderán igual su elección de maestros, y fabricarán o participarán en controversias artificiales por razones propias. Nada de esto es un pecado, reiteramos, ni merece ser juzgado, sino que es algo para observar en la propia jornada con el Curso, un proceso personal de Expiación para poder invitar a que la paz tome su lugar.

Como Un Curso de Milagros está basado en un modelo académico (con un texto, libro de ejercicios para estudiantes, y un manual para el maestro), ha generado un porcentaje inusualmente alto de seguidores que buscan quienes desempeñen el papel de enseñanza formal, y confunden el uso de la palabra enseñar, o la frase “maestro de Dios.” Lo único que realmente podemos enseñar es cuál es el maestro que hemos elegido – Jesús o el ego – y esto es algo que enseñamos todo el tiempo mediante una demostración de la elección y sin tener en cuenta lo que estamos haciendo. Incluso cuando parezca que estamos enseñando Un Curso de Milagros, o haciendo una presentación ante el directorio de una empresa, nunca son las palabras que pronunciamos las que enseñan, sino el contenido y la actitud con que las ofrecemos.

Esto no significa que uno no debiera enseñar ni asistir a una clase de milagros, si eso es lo que les interesa o lo que se siente guiado a hacer. Suelen ser aulas de aprendizaje maravillosas – como cualquier otra – en la cual se puedan observar y perdonar nuestras reacciones varias a personas, dinámicas, formatos, y opiniones que se expresan. Este sería su verdadero propósito. Y si un maestro, clase, o libro de milagros te está ayudando a convertirte en una persona más bondadosa y amable, tanto con los demás como contigo mismo, entonces su valor resulta elocuente.

No es ninguna noticia que la mayoría de los maestros del Curso todavía están trabajando en su propio camino de Expiación. Todo el mundo está haciendo lo mismo en su forma particular; todos estamos en una danza lenta con nuestro especialismo; es un largo adiós. Esto es verdad incluso cuando esa danza toma la forma de ser un maestro de Un Curso de Milagros. Esta percepción de los maestros del Curso no separa, sino que suaviza, pues indica que todos somos iguales, y expresa intereses compartidos. No importa las diferencias en la forma, en contenido todos somos iguales. Esto brinda paz; inspira compasión, no controversia.

 

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