El corazón de Un Curso de Milagros es Amor.
Creo que es importante recordar siempre que mientras recorremos esta vida ilusoria, recordemos ser bondadosos.
Si bien el Curso enseña que este mundo no es verdad (real) en la eternidad, parece ser verdad ahora y mientras así lo parezca, el camino que recorremos con Jesús es andar este sueño con bondad.
Ese camino ocurre en nuestra mente, al tomarnos de la mano de Jesús mientras miramos ya sea nuestra decisión de estar separados, ya sea nuestro intento de tomar la culpa - en la que creemos - y proyectarla fuera de nuestra mente en dirección al mundo y a los cuerpos.
Sin embargo, al hacer esto, al perdonar, aún creemos en un mundo de cuerpos y así un simple credo sería “se bondadoso, siempre”.
Bondadoso con tus actitudes, tus palabras y tus acciones.
En los primeros estadios del aprendizaje del Curso, muchos estudiantes se vuelven menos bondadosos (“Que importa si fulano sigue enojado conmigo porque le dije que era un estúpido de m…, después de todo ¡es su decisión a favor del ego! ¡Yo no tengo nada que ver!”), menos considerados (¡Qué importa si Katrino dejó víctimas, no son reales. No necesito enviar dinero a aquello que no es real, a personas que no existen”), menos divertidas (“No voy a cantar villancicos con mi familia y amigos porque puede reforzar su percepción distorsionada que señala que un día es más especial que otro” o “No voy a celebrar más mi cumpleaños, es celebrar el ego”), menos amorosos (“Cuando visité a mi amigo en el hospital me aseguré de no preguntarle si su dolor en el pecho había disminuido, no quise reforzar la enfermedad y la muerte en su mente”).
De hecho, creo que muchos estudiantes del Curso tienden a separase más que antes de encontrar el Curso. Alejados, apáticos, desconectados, inseguros de qué decir o cómo obrar.
En ocasiones, sólo salen con otros estudiantes del Curso o personas explícitamente espirituales, distanciándose de esta manera de aquellos que no están en el mismo camino.
Todos estamos en el mismo camino.
Existe un solo camino, y es el camino a nuestro Hogar.
Sin lugar a dudas hay personas que corren en la otra dirección, o que no corren a ningún lado, o que duermen a la vera del camino o acampan… y son estudiantes del Curso.
Sin lugar a dudas algunos andan en monociclos, caminan con sus manos, se enfrascan en un libro.
Sin lugar a dudas algunos avanzan con dificultad, algunos andan en sillas de ruedas, algunos van saltando, otros haciendo acrobacias y algunos incluso manejan un todoterreno… pero todos caminamos juntos.
No importa la forma, el contenido es el mismo. Todos compartimos la misma necesidad. Dios.
Si miramos más de cerca a aquellos que están en este camino, veremos que algunos tienen el ceño fruncido y otros tienen sonrisas, ¿cuál te gustaría como camino de regreso al Hogar?
Algunos son serios, otros alegres, ¿cuál te gustaría experimentar al caminar de regreso al Hogar?
Solamente recuerda esto: si caminas sin tu hermano, no tendrás una sonrisa y no estarás alegre.
La manera en la que caminamos con nuestros hermanos es eligiendo mirar a nuestra mentalidad errónea con Jesús. Al hacer esto, nuestras palabras y acciones se alinean naturalmente como reflejos del amor interior. Las palabras y las acciones no son importantes, el contenido amoroso sí importa.
Sin embargo, para quienes el amor les parece todavía algo lejano, el contenido expresado a través de palabras y acciones pueden lograr que sientan el amor como algo muy cercano y real.
Mientras te encuentres aquí, no le niegues a tu prójimo ni a ti mismo, el placer de una mente serena, de un comportamiento sereno.
Dentro del ámbito del tiempo, esa sería una tragedia innecesaria, y no lo que el Curso enseña.
Por lo tanto, como estudiantes de Un Curso de Milagros, queremos reconectarnos.
Primero, con Jesús en nuestra mente y luego naturalmente lo haremos con el mundo y con aquellos que parecen habitarlo junto con nosotros.
En ocasiones, los estudiantes cometen el error de pensar que el mundo es malo. No lo es.
La forma en la que solíamos contemplar el mundo – sin Jesús- era “mala”. Mala para nuestra paz mental, ya que era solitaria, triste y miserable; frustrante, atemorizante y exasperante.
Acepta a Jesús como nuestro amigo, y el mundo y sus habitantes se transforman en tus amigos. Y la forma normal de relacionarse con un amigo es siendo amistoso.
Cuando no estemos seguros de qué hacer o decir, creo que una posición segura es ser normales, ser bondadosos.
Creo que muchos de nosotros no entendemos eso de ser “normales”. He aquí una cita del Curso:
No cambias de apariencia, aunque sí sonríes mucho más a menudo.
Tu frente se mantiene serena; tus ojos están tranquilos.Y aquellos que caminan por el mundo con la misma actitud que tú reconocen en ti a alguien semejante a ellos. No obstante, los que aún no han percibido el camino también te reconocerán y creerán que eres como ellos, tal como una vez lo fuiste.
L-pI.155.1-5 enfasis agregadoAquellos que aún no han percibido el camino también nos reconocerán debido a que somos como ellos… en la forma.
Nuestro propósito bien puede ser diferente – despertar en lugar de dormir – pero todavía nos vemos, hablamos y comportamos con normalidad. Eso sería bondadoso.
Cuando nos cruzamos con una persona en silla de ruedas, preguntamos “¿necesitas un empujoncito?”.
Cuando nos encontramos con alguien enfrascado en una lectura, preguntamos “¿Qué lees?”.
Cuando alguien acampa, nos acercamos y asamos un malvavisco.
Cuando alguien está caminando con sus manos, con un gesto serio y decidido, nos agachamos y decimos “¡Búúú!” con una sonrisa que lo desarma o quizás le preguntemos cómo lucen las cosas desde allí abajo. Te alegrarás de hacerlo. La mirada, tu mirada, será la visión.
La visión es percepción verdadera y percepción verdadera es percepción compartida.
Todos caminamos juntos, todos estamos en el mismo camino.
Dios es nuestra única necesidad.
El amor es el corazón de la visión y alumbra nuestro camino.
Se extiende desde nuestra mente hacia el sueño. Tal como un sol poniente tiende un cálido manto escarlata sobre el océano, el amor tiene su reflejo en nuestro sueño, y ese reflejo es la bondad.
Permite que el amor ilumine tu mente y tu sueño.
Mientras aún sigues soñando., sueña dulcemente.
Toma la mano de tu hermano con bondad y la mano que tomes será la tuya propia, la mano de Jesús, la mano del amor.
Este es el corazón del Curso.