Últimamente he leído opiniones sobre Un Curso de Milagros y las enseñanzas de Ken Wapnick en cuanto son nihilistas. En mi experiencia personal, Ken es la persona o maestro menos nihilista que he conocido o que puedo imaginar y Un Curso de Milagros está tan lejos del nihilismo como uno puede estarlo.

Pienso que lo que sucede es que el contenido del Curso es tan amenazador tanto para nuestra auto-identidad como para el significado que le hemos dado al mundo, que muchas personas tienen una tendencia a resistirse y por lo tanto malinterpretan el Curso, malinterpretando y resistiéndose también a las enseñanzas de Ken.

El Curso sólo puede entenderse desde el corazón, y la resistencia al Curso, es decir la resistencia a la presencia del amor en nuestra mente, le permite a muchos emplear la ingeniosidad del ego, ya sea dentro del constructo del mismísimo Curso o de otra tradición, desarmar el Curso en pedazos que sumen 2 + 2 = 4.

La “buena” nueva es que esto demuestra su punto y la mala nueva es que… “prueba” su punto. Cualquier cosa que se explique fuera de Dios, es decir, esperanza, propósito, valor no es algo en lo que queramos tener razón.

Este es un Curso donde 2 + 2 = 5. No podemos entenderlo desde la intelectualidad del 2+2=4. Sólo podemos entenderlo desde la perspectiva del 2 + 2 = 5. La perspectiva del corazón.

Esta perspectiva no puede encontrarse dentro de un sistema de pensamiento del mundo, debe provenir allende la demencia lógica de un sistema de pensamiento del mundo.

El Curso no es un tratado científico y no debe leerse como tal. Es un poema de amor épico que, al igual que el arte subjetivo, le habla al corazón de algunos, mientras otros permanecen inmóviles ante él, y sigue avanzando sobre aquello que personalmente los toca.

Cuando las personas tratan de reducir el perdón a meras fórmulas, cosa que puede ser útil en las primeras etapas de estudio) o a conceptos desarmados, no le hacen justicia a la magnificencia del Curso. Un Curso de Milagros es una sinfonía trascendente, un embeleso que se encuentra más allá de la primera, segunda o centésima lectura. Elevándose como un espiral, se revela a sí mismo de formas gloriosas que nunca podríamos haber imaginado en nuestra juvenil arrogancia como estudiantes.

Incluso entonces, reconoce sus límites como símbolo, y nos invita finalmente a olvidarnos “de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías”, no vamos a la nada, sino “a tu Dios” (L-pI.189.7:5)

Es el ego quien desaparece en la nada desde la cual provino. Es el ego, en su incapacidad siquiera de concebir el amor, que piensa que aquello que se encuentra afuera de él también debe ser la nada. Y es el ego, en su confusión y auto protección perpetua, que equivocadamente interpreta tal jornada como inútil, cuando en verdad, es la única jornada significativa dentro de las ilusiones.

En Un Curso de Milagros el mundo tiene un gran significado, uno que ofrece felicidad y esperanza, ya que al mundo ahora se le ha dado un nuevo y santo propósito. El de conducirnos de regreso a la mente donde la ilusiones hacen lugar a la verdad.

Antes de que podamos llegar a Dios con las manos completamente vacías, debemos en primer lugar  -  si somos estudiantes del Curso o bien si queremos brindar información confiable sobre él  -  llegar con las manos completamente vacías a este Curso. Aquellos con cualquier tipo de agendas no están llegando al Curso con sus manos vacías, y sin saberlo están erigiendo barreras entre ellos y el amoroso contenido que fluye desde el Curso hacia un mente receptiva.

Muchos críticos del Curso lo han leído a la ligera y no han podido escuchar su feliz canción de sanación. Otros han profundizado un poco más, trayendo su propio entendimiento del mundo, filosófico, ateo, religioso, no dualista, new age, espiritual,  en fin, cualquier clase de entendimiento… y han intentado dar su propia interpretación del Curso, sin reconocer la falta de significado de esa interpretación.

Dicha interpretación está delineada y limitada por los “chillidos estridentes” de su propio entendimiento en lugar de estar inspirada por el renunciamiento a todo entendimiento y permitirle así al Curso hablarle al silencio de un corazón humilde con pura abstracción.

Es aquí en donde las muchas sutiles capas del Curso  y su sinfonía finalmente son escuchadas y comprendidas más allá de toda lógica y de la racionalidad misma.  Una gentil melodía que le hace lugar a la eterna canción del mismísimo Cielo.

 

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