La historia clásica del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde describe la pugna entre el mal y el bien que parece existir en toda la humanidad.
Los momentos de bondad y caridad del hombre bien pronto pueden tornarse en ira y destrucción.  Esta personalidad dividida ha sido un debate desde siempre y sin embargo Un Curso de Milagros nos dice que tanto el bien como el mal son irreales: somos espíritu, no la imagen dividida, aceptable o no, que hemos querido
demostrar que somos.

Esto no niega el hecho de que tengamos momentos de bondad y compasión que contrastan con momentos de ira, pero Dios no creó esta imagen dividida.   Él creó nuestra integridad y unidad y esta lección del Libro de Ejercicios nos ayuda a volver a eso nuevamente al leer lo que dice

Soy espíritu... Practica hoy esta verdad tan a menudo como puedas, pues extraerá a tu mente del conflicto y la llevará a los serenos campos de la paz.  Ni el más leve escalofrío de miedo hará acto de presencia, pues habrá sido absuelta de la locura al haber abandonado la ilusión de una identidad dividida.

    Esta lección continúa diciéndonos

Tú eres el espíritu que ha sido amorosamente dotado de todo el Amor, la paz y la dicha de tu Padre.

    Nos complementamos con Dios y compartimos Su función. 
   
No somos "paz" en un momento y en el siguiente "conflicto"; 
   
compartimos su consistencia - somos espíritu.

 

El Curso se da cuenta que no creemos todo esto, pero sí pide que tengamos la voluntad de que se haga realidad para nosotros y que permitamos que reemplace los conflictos que encontremos en nuestras vidas afirmando que "yo soy espíritu".  Se nos dice que "Cada vez que practicas (soy espíritu) te vuelves cuando menos un poco más conciente, ahorrando en algunas ocasiones mil años o más.  Los minutos que dedicas se multiplican una y otra vez, pues el milagro hace uso del tiempo, pero no está regido por él."
 

Puede resultar difícil aceptar que darle a Dios algunos minutos de nuestra atención en que no tengamos ningún otro pensamiento mas que la verdad de nuestra identidad como espíritu marque una diferencia en el mundo y que nos ahorre miles de años en nuestro proceso de curación.  Y sin embargo, ése es exactamente el caso. Dios es más poderoso que nuestra impresión limitada de Él. Él no está determinado por la forma en que lo vemos o creemos en Él, ¡solamente lo estamos nosotros!  En Él el tiempo se detiene, no tiene límite ni fin.  Los minutos que le damos a Dios afirmando que somos espíritu trascienden nuestros límites y elevan a nuestras mentes por sobre siglos de dolor y nos colocan justamente

ante las puertas del Cielo.

T441

Esta lección sigue diciendo:


Él respaldará con toda Su fortaleza cada pequeño esfuerzo que hagas.  Concédele hoy los minutos que Él necesita para poder ayudarte a entender con Él que tú eres el espíritu que mora en Él y que hace un llamamiento a todas las cosas vivientes a través de Su Voz; el espíritu que ofrece Su visión a todo aquel que se la pide y que reemplaza el error con la simple verdad.

El Curso nos dice muchas veces que nuestra comprensión no es necesaria para que la verdad de Dios reine en nuestras vidas, ¡pero que nuestra voluntad sí lo es!  Y cuando afirmamos el don de nuestra verdadera identidad, "yo soy espíritu", nuestro Verdadero Yo brilla más luminosamente dentro nuestro, disipando la oscuridad que nos mantiene doloridos y atemorizados.  Aún cuando parezca que olvidamos esto y que nos encontramos en conflicto y confusión siempre habrá una luz dentro nuestro recordándonos que nunca podremos realmente volver a perder nuestro rumbo de nuevo.  La promesa de Dios de que el Espíritu Santo siempre está presente para ayudarnos se reafirma en esta lección cuando dice:


"Él (el Espíritu Santo) te hablará, recordándote que eres espíritu, uno con Él y con Dios, uno con tus hermanos y con tu Ser.  Escucha las seguridades que te da cada vez que pronuncias las palabras que Él te ofrece hoy, y permite que Él le diga a tu mente que son verdad".

 

"Soy espíritu".  Usa este pensamiento para disipar la tentación de verte como algo distinto.  Tú eres espíritu.  Dios necesita tu decisión de no permitir que las ilusiones te impidan reclamar tu propósito en Su plan para tu salvación y la del mundo.  Reafirmemos juntos:

 

"Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limitación, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo."

 



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