A veces nos olvidamos que somos parte de la Filiación. Digámoslo bien. Nos olvidamos la mayoría de las veces. De paso, para los no iniciados, la Filiación no es un crucero astral de la nueva era. Buscando una buena definición levanto el mastodonte de libro "Concordancia para Un Curso de Milagros" por Ken Wapnick, dislocando el único disco lumbar sano que me queda - pero qué importa, el dolor es una ilusión de todas formas. Bajo Filiación tenemos "la suma de todo lo que Dios creó"... (T1-I.19.2)... "la familia entera de Dios" (T1-V.3:8). Ahora que lo pienso, tal vez la Filiación sí sea un vehículo de transporte - intra psíquico. Nos ayuda a tomar el salto desde pensar como el mundo a pensar como Dios.
¿Cuántas veces recuerdo que estoy en la familia de Dios? Unas dos veces, tal vez tres veces por día cuando rezo o medito. Luego sigo mi alegre camino dirigiendo la batuta, controlando mi vida, tomando mis propias decisiones, y tomando al mundo en serio. Naturalmente que pienso que tengo un show muy especial que dirigir. Después de todo, estoy ocupado haciendo el bien. Bueno, por lo menos estoy ocupado haciendo. Me doy cuenta que recuerdo a Dios mucho más cuando estoy haciendo lo que me encanta - no tanto lo que mi ego piensa que es "el bien". A medida que escribo esto y pienso en quien o qué amo: mi esposa, hijos, nietos, amigos, escribir, mi perro blanco Parranda, o hablar con prisioneros, recuerdo a Dios. Cualquier manera de recordar a Dios mientras estemos con gente nos pone abordo de la "Filiación", pues cuando recuerdo a Dios, me siento contento y me conecto fácilmente con los que me rodean. Ahora, esto puede contradecir lo que mi bien desarrollado y espiritualizado sistema de pensamiento de ego piensa que es "bueno": uno debe estar ayudando a los demás con algún sacrificio. Cuanto más sacrificio mejor. Mi formación cristiana subrayó la muerte y sufrimiento de Jesús, lo cual mezcló a la culpa con el servicio a los demás - una combinación verdaderamente innecesaria.
La buena noticia es que podemos usar a la Filiación en cualquier momento para renovar nuestra conexión con Dios y servir a otros con alegría dejando de lado la culpa. De alguna manera los estudiantes del Curso sabemos que no podemos estar separados de nuestra Fuente ni de nuestros hermanos y hermanas. En otros niveles de conciencia, sin embargo, creemos que somos sólo bolsas de agua salada electrolizada que se está secando de a poco. Yo me he sentido así, viendo como esta u otra parte de mi cuerpo decae, funciona mal o deja de funcionar del todo con la edad. ¿Cómo hago para subirme a la Filiación si alguna de esas temidas enfermedades comienza a inmiscuirse con mi cuerpo, o peor, cuando mi mente comienza a odiar a otros? Yo recuerdo quien soy cuando busco a la "familia de Dios" en el supermercado, por ejemplo. En la cara de otra persona amorosa veré mi propia naturaleza, mi conexión con espíritu reflejada en ella. Esta persona puede estar en una familia biológica como mi nieto de 10 meses que ríe desternillándose al verlo a Parranda correr tras una pelota. O tal vez sea la persona que más parece haberme perjudicado en mi vida - un antiguo enemigo. Puede ser el vecino de al lado al que nunca le hablé hasta que, en un instante, me uno con él al tratar de arreglar un cerco, y su colaboración amable me conmueve.
Les aliento a que investiguen donde los puede llevar la "Filiación". Por sólo un momento imaginen a esa persona que piensan que nunca podrán amar, jamás perdonar. Ahora imagina que tú eres esa persona, tuya su mente, sus temores y espíritu. Vean lo que es perdonarla por un momento. Acabas de subirte a la "Filiación." Ahora imagina que la próxima persona con quien te encuentres después de leer este artículo quiere amarte más que nada. Prepárate para recibir su amor. Te subiste a bordo. Estate listo para un viaje que es impredecible, dichoso y que te quita el aliento. Viajar en la "Filiación" hace aflorar en ti todo lo que es amor y tolo lo que no lo es. Esa es la parte difícil para nosotros, los espirituales. A medida que hacemos el compromiso de amar a todos, todo lo amoroso en nosotros aflora, pero también lo que no es amoroso alza su horrible cabeza.
Por ejemplo, estuve compartiendo con ustedes mi experiencia de comunicarme con los asesinos de mi esposa (articulo publicado en la edición Nº 2 de la revista Semillas de Milagros). Esto parecía una idea tan buena y cristiana y a medida que fui conociendo a la mujer que participó en el asesinato, ha resultado ser una persona asombrosa, creativa que parece haber encontrado su mejor ser y a Dios en la cárcel. Pero al pensar cada vez más en ella y el homicidio, mi mente regresa a viejos pensamientos oscuros. Mi mente, con increíble versatilidad e infinita habilidad para arrebatar la derrota de las garras de la victoria, ha decidido que los asesinos son parte de la familia de Dios - pero que, en cambio, yo no. A esto se le llama culpa del sobreviviente - un problema que tienen que enfrentar muchos veteranos combatientes y sobrevivientes del trauma. Y tal vez todos los seres humanos tienen una clase de culpa del sobreviviente de baja calidad. Nos sentimos culpables porque estamos vivos y capaces de tamaña dicha!
Perdonar a otro significa abrirte a la posibilidad de amarte a ti mismo y a vivir alegremente. A veces es más fácil odiarnos y a otros o, mejor aun, petrificarse. Así no tenemos que mirar lo que está haciendo el ego. Otra opción es subirse a la "Filiación" y salir de paseo. Al continuar viendo en qué se ha convertido en la cárcel la asesina de mi esposa, veo quién soy verdaderamente. Veo que está bien que yo viva mientras otros han muerto. Está bien perdonarme por sobrevivir al igual que perdono a los que han asesinado. Y está bien que viva feliz, a pesar de lo que haya pasado en la vida.
Así que hoy estoy regalando entradas. Son gratis. ¡Todos abordo! Tomen la "Filiación" hasta la terminal - el mundo invisible de la paz. Les garantizo que les encantará el viaje.