Estoy gruñón y hace falta que averigüe de qué se trata.  Mi mente ha estado nublada durante las últimas semanas porque tuve un resfrío, un virus  y otras cosas horribles sucediendo en mis senos nasales, no del todo delicadas como para describirlas en este espacio. Que tu imaginación provea la imagen. Probablemente estés preguntándote qué importancia puede tener un resfrío y una sinusitis para la sanación del mundo. Tal vez un resfrío no te resulte irritante. ¡Piensa por un momento lo que provoca: un mal día en el trabajo, los perros que despanzurraron la bolsa de basura justo en la entrada del auto, el habitante masculino de tu casa que le pifia al centro del inodoro, el cabello que se te cae sin remedio!

Mi mente piensa que los problemas del diario vivir son muy importantes, y de hecho puede armar alharaca acerca de cosas menos importantes que un virus, pero mi mal menor será suficiente por hoy. Siento debilidad general, malestar y sensibilidad súper exagerada ante todo, incluyendo la luz que entra por la ventana del cuarto, el teléfono que suena o la dulce voz de mi esposa Vicki que me pregunta cómo estoy. Noto que al borde de mi mente se agazapa un león listo para saltar sobre Vicki porque me está mimando. Dirías que esto es una locura, y tendrías razón, claro está.  ¡Qué sucedería si me topara con otra persona tan irritable como yo!  Por esto tenemos brotes criminales y cárceles.

Hoy más temprano, mi mente había estado perfectamente justificada en confrontar con enojo a Vicki cuando hizo un comentario vagamente crítico acerca de mi Falcon 1989 (consagrado "auto más sucio del año" por la Dirección de Tránsito Municipal). Dijo que probablemente estaba listo pare morir de viejo y de válvulas irreparables, y que podría pensar en comprar uno nuevo. Contesté con aspereza, total irracionalidad y a la defensiva que un buen auto usado bien reparado es mucho más económico y eficiente que comprar uno de esos autos japoneses aburridos y montados por robots a los que nunca les pasa nada.

Sonrió y dijo :'¿No te sientes bien, amor?" y continuó regando sus macetas. "Tal vez no sea buen momento para escribir tu columna sobre curación".

Claro que no me sentía bien, pero desde el rincón más profundo y callado de mi mente salió la más pequeña de las oraciones para que cambiara de parecer ... y además tenía que entregar la columna.

Mientras tanto, mi mente temerosa notó que el cuerpo de Ric sólo podía respirar por una fosa nasal y que para hacer que funcionara había que mantenerlo con tisú. Luego comenzaron a sonar los oídos y a martillar la cabeza. La mente se preocupó: ¿qué quiere decir esto? Preguntó ¿qué significado espiritual o psicológico tiene esto? Ya que soy un as en el uso de Dios o Sigmund Freud para promover la autocrítica, la mente tenía la respuesta "Has estado trabajando demasiado fuerte y esto es lo que consigues por atacarte con demasiado trabajo: un resfrío. ¡Qué te pasa!  Te lo mereces y déjate de lamentarte. Te lo causaste, ahora aguántatelo." Y dale, y dale.

Bueno, mi mente infantil respondió herida y abatida. "Yo no quise resfriarme. Pero cuando te dije que estaba cansado por todo lo que estábamos haciendo y que necesitaba descansar, me ignoraste". El niño había querido un poco de compasión, tiempo para dormir, zafar, comer rico, etc.

Mi mujer, que es muy buena con mi niño, se puso muy compasiva y me ofreció masaje de espalda, comida especial, y remedios naturales. Lamentablemente mi mente temerosa es muy sospechosa ante los ofrecimientos de bondad: se pone paranoica. "¿Por qué estás haciendo esto? ¿Sería un complot para que venda el auto?"

¿Has notado que cuando te sientes peor y estás más necesitado de compasión, es más difícil aceptarla de los demás?  Tenemos miedo de amar, no?  ¿Qué hacemos entonces? Sólo hay una solución (según la mente temerosa): trata de empezar una discusión con la persona que te está ayudando, aliénalo, aléjalo. Ya sabes como se hace. Bueno, tal vez no lo sepas. (1) Para empezar rechaza su ayuda o por lo menos critícala por lo inadecuado de su ayuda.  El té ofrecido es demasiado caliente o frío, el masaje de espalda es muy fuerte o demasiado flojo, el remedio no sirve. (2) Aprovecha esta oportunidad para sacar a relucir y discutir el tema más serio de tu matrimonio y echa culpas. "Tus guisos son apestosos y le pones ají picante a propósito para torturarme." (3)Arma escándalo y retírate majestuosamente o haz algún otro comentario de tu repertorio demente. Pronunciamientos fuertes e iracundos, golpear puertas y llorar histéricamente (si eres propenso a eso) logra maravillas.

Entre las macetas, Vicki me vigila con cautela, calculando cuidadosamente si no será peligroso preguntarme si quiero almorzar. Decide que será mejor darme más tiempo y va en busca de nuestro perro Brisa, que acaba de dejar huellas de barro en la cama después de escarbar la tierra en el jardín. Mi mujer tiene intenciones de bañarlo. Lamentablemente el perro odia que lo bañen y es psíquico al respecto. Vicki desaparece y un momento más tarde Brisa aparece en la puerta con una pelota en la boca a punto de encontrarle un nuevo escondite. Brisa me mira y se acerca, ignorando mi terrible humor. Se agacha un instante, pelota en la boca, mirándome y luego con agudo discernimiento espiritual, ladea la cabeza y me tira la pelota.  Ésta rueda a mis pies.

Se la tiro por el pasillo, y de la nada, aparece nuestro caniche negro Antú y los dos vuelan tras la pelota.

Sonrío. Mi fosa nasal izquierda se destapa un poco y una voz detrás de mí dice "Ya está la comida".

volver