¿Por qué es tan importante? ¿Por qué es que el camino de nuestra propia liberación es perdonar a otros?

La esencia de lo que nos pide Un Curso de Milagros es abrazar la práctica diaria del verdadero perdón para deshacer las ilusiones que nos causan dolor y así restaurar la conciencia de la Realidad del amor.  El perdón es nuestro verdadero propósito y nuestro camino de regreso a casa.

Hace unas semanas que he sentido un deseo creciente de materializar el espíritu del perdón más completamente, después de una renovada apreciación de los resultados sublimes que ocurren cuando me acuerdo de aplicarlo de verdad.  Mi vida ha recibido la gracia de los milagros a través del perdón y he aceptado que, sean los que fueren los temas que se presentan, la respuesta es siempre alguna forma de perdón.

Sabiendo que al encarar mis ilusiones honestamente encuentro un nuevo nivel de libertad, últimamente he comenzado cada día con la pregunta: “¿A quién o qué cosa quieres que perdone hoy?”  Cada mañana, en silencio, con el corazón abierto, se me muestra la cara de alguien al que haya juzgado, resistido o con quien tengo la más mínima reserva – algo que es un obstáculo que me impide amarlos y celebrarlos con plenitud de corazón.  Acepto lo que enseña el Curso: que, en su capacidad de mantenerme alejada de la paz, un leve desagrado o resistencia es equivalente a la ira asesina.  Sostengo la imagen de esta persona en mi mente y me pregunto: “¿Qué es específicamente lo que estoy juzgando, resistiendo o de lo que me separo al tener esta actitud con ella?”

Generalmente, veré alguna conducta en esta persona que no me gusta – como el egoísmo; la falta de consideración; la carencia; ira expresada con tono de superioridad; deshonestidad; necesidad de establecer alguna superioridad; o un hambre insaciable de llamar la atención, aprobación o cuidado especial.  Me queda claro que estas conductas surgen de un lugar donde esa persona siente culpa, miedo, insuficiencia y sensación de separación, carencia de amor y falta de poder.  Al ver específicamente qué es lo que estoy juzgando y resistiendo en el otro, y cual es la creencia dolorosa que causa que se comporte de ese modo, siento la suave guía del Espíritu Santo que me pregunta: “¿Hay un lugar en tu vida donde tú también estás creyendo estos pensamientos acerca de ti misma y comportándote sin sentido o desamoradamente?”

¡Ahí está, por supuesto!  Es obvio que me resulta conocido aquello que estoy viendo.  Es debido a que me juzgo por mis propios errores que le guardo rencor a mi hermano.  Aquello que veo en otra persona es el espejo de un área en mí que no he sanado, o que he  negado o condenado – aunque puede ser que el error esté presente en otra relación o situación aparentemente sin relación con ésta, más sutil tal vez.  La proyección y el principio del espejo no siempre se reflejan literalmente en el nivel del comportamiento, pero una creencia, o compensación por una creencia, siempre se expresa de alguna forma.  Esencialmente, los errores de mi hermano, que son siempre pensamientos equivocados acerca de quien es, reflejan mis errores de pensamiento y, en cada encuentro, sólo cabe el perdón.

 

El mundo que experimentamos es una respuesta literal de nuestras creencias.  Aunque frecuentemente parece un infierno, nuestras proyecciones pueden ser transformadas en un acto de gracia donde le invitamos al Espíritu Santo que entre en ellas, para que nos dirija en la identificación de nuestras ilusiones, soltando la condena y recibiendo la liberación.

A medida que las identificamos retomamos la responsabilidad por nuestras proyecciones, nos perdonamos por proyectar y creer en el error, y perdonamos a la ‘otra persona’ por habérnoslo mostrado para que lo viéramos.  Esto es lo que quiere decir el Curso cuando habla de permitir que aquel que pensaste que te crucificaba se convierta en tu Salvador – tomando su lugar debido en el plan de Dios para nuestra liberación.  Cada persona que nos muestra dónde necesitamos perdonarnos, nos permite abrazar al mensajero, en vez de pegarle un tiro, pues siempre somos nosotros los que creamos el mensaje.

Mi experiencia práctica de tomar la responsabilidad por mis proyecciones y abrazar la visión del perdón siempre ha sido que desaparece el comportamiento molesto que inicialmente resistía o se disuelve mi irritación.  De una u otra manera, vuelven a surgir la verdad y la paz, y contemplo naturalmente a mi hermano como una amigo atesorado con quien soy una y a quien amo sin límite.

Recordemos que el perdón es sencillo.  Sólo se nos pide que encontremos la suficiente honestidad para admitir que nuestras experiencias, sentimientos y memorias son percepciones no hechos.  El perdón pide que nos volvamos para adentro y tomemos toda la responsabilidad por nuestra experiencia, sin culparnos.  El perdón nos pide que nos demos cuenta que lo que juzgamos en otros es la proyección de lo que encontramos inaceptable e intolerable en nosotros.  El perdón nos pide que suspendamos nuestros juicios acerca de todo y de todos, que admitamos que no estamos viendo toda la imagen y que recordemos que hay una mejor manera que nos traerá a todos los involucrados la verdadera paz y seguridad.

El perdón nos recuerda con compasión que la culpa que vemos en el otro es tan solo un error, el reflejo de nuestra propia insistencia en ser culpables.  Nunca es verdad, y jamás lo podría ser; no puede opacar la majestuosidad de Quienes Somos.  El perdón nos devuelve la conciencia de nuestra plenitud, la memoria de nuestra Unicidad, la Realidad de ser extensión de Dios y por lo tanto nos devuelve a la cordura.  En cada momento el perdón nos da una hoja en blanco en que podamos comenzar de nuevo.  Ahora mismo, con el que más te resistes.  ¿Aceptas? 

 




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