Estaba observando como el picaflor con contundente precisión, gracia y velocidad liba el néctar de una flor y luego pasa a la siguiente. Es un ejemplo admirable de precisión, ni un solo movimiento es ajeno, cada uno tiene un propósito y ese propósito es claro de ver.

Luego puse mi atención en un insecto, grande, negro y torpe que bien podía ser alguna especie de abejorro. Parecía que su radar no estaba en tan buen estado ya que iba de flor en flor en un ángulo equivocado que no le proporcionaría su desayuno.

Golpeando en una cerca por acá, en una hoja por allá, sin poder posarse sobre una flor en una perfecta posición, teniendo que intentar la maniobra una y otra vez, parecía ser el opuesto exacto del espléndido picaflor. ¿Pero lo era?

A veces parece que vamos por nuestra vida con la precisión y seguridad de un picaflor. Sabiendo exactamente qué decir y hacer, nos acercamos a una vida que fluye.

Otras veces, y quizás la mayor parte del tiempo, nos sentimos como ese abejorro grande, negro y torpe. Intentamos alcanzar nuestro objetivo pero experimentamos un montón de obstáculos en el camino.

Un Curso de Milagros nos dice que somos como Dios nos creó, no lo que nosotros hicimos de nosotros mismos. Nos pide que;

 dejemos a un lado todos los ídolos e imágenes de nosotros mismos, y que vayamos más allá de todos los atributos tanto buenos como malos que nos hayamos adjudicado a nosotros mismos y que aguardemos la verdad con queda expectación.

Soy tal como Dios me creó” es una declaración de salvación, es nuestra restauración a la sanidad, es el pensamiento que nos une no sólo con Dios sino con cada uno de nuestros hermanos.

Cuando afirmamos que “Soy tal como Dios me creó” estamos removiendo la tentación de juzgar como impotentes e ineptos tanto a nosotros mismos como a los otros. Cada intento que hagamos para conseguir nuestro objetivo de sanación es importante y pleno en significado.

Quizás pueda parecer que somos torpes; cuando todos los demás parece tomar las decisiones correctas; pero todos conseguiremos el mismo objetivo en el final. Al igual que el picaflor y el torpe abejorro, libando ambos el mismo néctar, nosotros también probaremos la misma solidaridad, ayuda y paz de Dios cuando unamos nuestra voluntad con la de Él y afirmemos que “yo soy tal como Dios me creó”.

Esta maravillosa lección de Un Curso de Milagros es tan importante que se repite tres veces con el mismo título. Por supuesto que su determinación es un mensaje constante del Curso, pero estas palabras exactas han sido lo suficientemente importantes en las enseñanzas del Curso que han sido repetidas en las lecciones 94, 110 y 162.

Cada una de las veces se nos recuerda que quitemos nuestra atención de las apariencias del mundo, de nuestras vidas y de las vidas de los otros y que nos concentremos en esta verdad “que viene para liberarte”.

La verdad de esta declaración, Soy tal como Dios me creó es la cuna de todos los milagros, la gran restauradora de la verdad en la conciencia del mundo puede parecer que esté más allá de nuestra comprensión que nuestra buena voluntad simple y llana al repetir que “soy tal como Dios me creó” sea el gran restaurador de la verdad en el mundo y sin embargo esto es exactamente lo que Dios nos dice.

Pero Él no nos dice que vamos a restaurar la verdad nosotros solos, lo hacemos con nuestros hermanos. Este es el porqué la lección no solamente se refiere a nosotros mismos sino también a nuestros hermanos. Nos dice que afirmemos frecuentemente la verdad de Dios para nosotros mismos diciendo;

Soy tal como Dios me creó. Soy su Hijo eternamente

y también agrega que debemos afirmar esta verdad con todos aquellos que nos disgustan, diciéndoles silenciosamente;

Eres tal como Dios te creó. Eres su Hijo eternamente

A través de esto, está tratando de recordarnos que no existe diferencia entre nuestra salvación y la de nuestros hermanos. No podemos conocer la verdad acerca de nuestro ser, si excluimos de esa verdad a alguien más.

Picaflor o abejorro, somos todos iguales. Al ir más allá de las formas de nuestros juicios, rápidamente queremos unirnos con los otros y permitir que el juicio de Dios descanse en nuestros ojos, y así podremos ver que la oscuridad que nos hizo sentir tan solos y separados no existe más, ya que;

La luz ha venido hoy a bendecir el mundo. 
Pues tú has reconocido al Hijo de Dios
Y en ese reconocimiento 
Radica el del mundo

Todas las citas han sido tomadas de las lecciones 94, 110 y 162 del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros.

 



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