El Curso menciona la meditación dos veces: la primera es en el texto, en la sección denominada “No tengo que hacer nada”.

Es extremadamente difícil alcanzar la Expiación luchando contra el pecado.  Son muchos los esfuerzos que se llevan a cabo tratando de hacer santo aquello que se odia y se aborrece. Mas es necesario que dediques toda tu vida a la contemplación, ni que te pases largos períodos de tiempo meditando con el objeto de romper la atadura de tu cuerpo. Todos esos intentos tendrán éxito a la larga debido a su propósito. Pero los medios son tediosos y requieren mucho más tiempo, pues todos ven la liberación de la condición actual de insuficiencia y falta de valor en el futuro. Tu camino será diferente.
T-18.VII.4-5

Esta sección parece decirnos que cada uno de nosotros tiene un camino único - y todos llegaremos a darnos cuenta de lo mismo: “No tengo que hacer nada”, sin importar si hemos alcanzado esta realización a través de toda una vida de contemplación o a través de una serie de instantes santos compartidos en una relación santa. Para centrar nuestra atención en la liberación del cuerpo, como algunas prácticas de meditación proponen, tendríamos que hacer algo, que implica el cuerpo.

Entonces, ¿cómo “hacer nada” y escaparnos de siglos de esfuerzos?

No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora”.
T-18.VII.

Es este centro tranquilo, del cual el cuerpo se encuentra totalmente ausente, el que continua sustentándonos y dándonos el descanso sin importar lo que aparentemente sucede en el mundo externo. Este lugar tranquilo es descrito es T-29.V.1:

Hay un lugar en ti en el que este mundo en su totalidad ha sido olvidado –un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de la eternidad. Hay un lugar de descanso donde el silencio es tan absoluto que no se oye ningún sonido excepto un himno que se eleva hasta el Cielo para brindar júbilo a Dios el Padre y al Hijo.

Entonces, ¿cómo nos establecemos y mantenemos en ese centro tranquilo? ¿Cómo expandimos nuestra conciencia más allá de nuestros “pequeños sentidos” para ver la grandeza que nos rodea? Aparentemente, no es a través de “una vida de contemplación y largos períodos de meditación” aunque estos métodos conseguirán el  mismo resultado final.

El Libro de Ejercicios, por otra parte, también menciona la meditación una vez, en la lección 124.

“Que no me olvide de que soy uno con Dios”. El Curso nos dice que “esta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugieren palabras especiales con las que dirigir la meditación. Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. Mora en Él durante esa media hora. Él se encargará del resto”

Como se nos sugiere al hacer el Libro de Ejercicios, debemos reservar algo de nuestro tiempo para estar en comunión con nuestro Ser Superior, la Voz de Dios. Varias veces antes de la lección 124, se nos indica utilizar palabras o frases particulares, o incluso hacer preguntas específicas, que yo me inclino más a denominar contemplación más que meditación. En la lección 41 recibimos instrucciones explícitas de cómo meditar. La lección 106 nos vuelve a dar instrucciones sobre cómo escuchar a nuestro Maestro Interior al cual se hace mención en el prefacio del Curso. El Libro de Ejercicios suele usar palabras del tipo “descansar” o “quietud” cuando se refiere a esos períodos de contemplación o meditación.

Cuando hayamos completado las primeras 220 lecciones, es decir la Parte I del Libro de Ejercicios, habremos alcanzado el punto donde hemos conseguido deshacer el ego. Al comenzar la Parte II, el Curso nos dice que “las palabras apenas significarán nada ahora”. Debemos leer la sucinta lección del día y luego tener períodos de “experiencia callada y profunda”. “Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre”. Y se nos ha prometido que estos períodos, que yo llamaría comunión, nos conducirán  “a salvo en nuestro hogar, donde Él desea que estemos”

Así pues, las practicas de meditación orientales tienen el mismo objetivo y la misma intención. Tener períodos calmos y de profunda experiencia. Llegar a ese lugar de quietud interior y descansar allí. Ser conducidos con toda seguridad a nuestro hogar en Dios.

¿Debo meditar? Yo lo he hecho, durante años, y continúo haciéndolo como parte de mi práctica diaria. Pero no he dedicado mi vida es esta práctica, y ni siquiera el Curso así lo requiere.  El Curso quita mi ansiedad sobre la técnica – nunca menciona posturas o respiración y rara vez establece un momento determinado para la meditación. Sin embargo, si dice mucho sobre el propósito de estos períodos de quietud y describe el estado que deseamos experimentar.

Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre.
Lección 49
 

Aprende a aquietarte porque Su Voz se oye en la quietud.
M-15. 2:12

Podemos conseguir esto en un minuto o dos, o en una hora o dos. Depende.

Algunas mañanas, solo tengo tiempo para abrir mis ojos, dar gracias por el árbol  que veo a través de la ventana de mi dormitorio y así invito a Dios a encauzar mi día.

Y en verdad no importa. No tengo que hacer nada. Dios le da la bienvenida a toda cosa que yo haga para estar en comunión con Él.

 

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