Muchos de nosotros nos hemos esforzado para comprender el poco énfasis que el Curso propone con respecto al cuerpo.
"Yo no soy un cuerpo" es difícil de aceptar cuando mi cuerpo manifiesta dolor, alguna disfunción o enfermedad. El Curso nos dice que esa manifestación significa que hemos "pensado erróneamente". La respuesta es un milagro: un cambio en nuestra mente.
Cambiar nuestros pensamientos.
Algunas veces esto funciona, y algunas otras no. Para mi, ha funcionado con algunos desafíos de sanación (incluso una enfermedad "seria") y no con otros. Mis dientes, por ejemplo, no son fáciles de ver como una simple colección de células que responden inmediatamente a cambios en mis pensamientos. Me parece que pienso que mi esmalte dental no está accesible a la Expiación. Es tonto, pero es así. Otras personas tienen una dificultad similar pero con otra clase de síntomas, tratando de verse a si mismos no como cuerpos, no como seres separados y plenos. Y sin embargo, el síntoma persiste.
Una amiga me preguntó hace poco si podíamos charlar sobre su falta de voluntad para consultar con un médico con respecto a su problema en los ojos, dado que ella quería sanarlos sola con la ayuda del Espíritu Santo. Le sugerí que leyera las secciones T-2.IV.4 y 2:V:2 del Texto, donde leemos que el uso de la "magia" o "agentes no creativos" (por ejemplo medicina, doctores) pueden darnos una creencia temporal en la sanación, cuando todavía estamos en un estado debilitado por el miedo. “Mientras tu sensación de vulnerabilidad persista, no debes intentar obrar milagros” (T-2.V:2:6)
Me gusta utilizar el teléfono como analogía. Si nuestros cuerpos son principalmente medios de comunicación, deberíamos entonces tratarlos tal cual hacemos con el teléfono. Confiamos en que funcionarán perfectamente, que el jefe del conmutador realizará todas las conexiones necesarias sin que nosotros suframos de ansiedad por ello. Las redes que conectan a todos con todos, está más allá de nuestro entendimiento, simplemente confiamos que está allí y que funcionará a la perfección para nuestro beneficio cada vez que queremos comunicarnos con alguien.
De vez en cuando el teléfono no funciona del todo bien. Y así es que tratamos de ver si existe alguna forma sencilla de arreglarlo - ¿está enchufado? ¿anda la campanilla? ¿pagué la factura? Si nada de esto da resultado, debemos entregarlo a una fuente externa para que lo arregle, de forma tal que pueda desempeñar perfectamente su función como medio de comunicación.
Y llegará el día en el que nuestro teléfono, que nos ha servido tan bien durante tanto tiempo, haya cumplido totalmente con su propósito y haya finalizado su función."Cuando deja de ser útil, se deja a un lado. Eso es todo” (M-12.5:6)
Vamos a tener que conseguir un nuevo teléfono (¿un cuerpo nuevo? Quizás... si todavía no hemos aceptado la expiación para nosotros mismos)
Mientras nos encontremos en un estado de miedo, sin acceso a la Expiación en referencia a nuestros cuerpos, vamos a tener que recurrir a fuentes externas para que nos ayuden a arreglar los problemas.
¿Está mi amiga en un estado de temor con respecto a su cuerpo?
¿Y yo?
Mientras charlábamos, hallamos un mensaje al respecto.
Mi amiga estaba grabando nuestra conversación, usando un grabador relativamente nuevo, un casete virgen y pilas nuevas. El grabador empezó a andar mal.
Fui a buscar el mío, que nunca me había ocasionado problemas. Le puse pilas nuevas y volvimos a empezar. Mi grabador empezó a andar mal de la misma forma en la que lo había hecho el de mi amiga. Sin importar cuánto nos esforzamos en arreglarlos, ninguno de los dos anduvo.
Luego tuve una inspiración: sugerí que ambas tratáramos de ver los grabadores como extensiones de Dios, como parte nuestra, sanados y plenos, no separados. Después de todo, incluso un medio mecánico no es más que una colección de átomos y energía, dispuestos en cierta manera, y los átomos y la energía son parte del todo, afectados por otros átomos y energía, incluyendo nuestros pensamientos. Estábamos pocos seguras con respecto a este desafío, pero de todas formas lo intentamos. No funcionó. Tenazmente, ambos grabadores seguían funcionando mal.
No éramos capaces de creer que nuestros pensamientos fuesen tan poderosos, o que nosotras y nuestros grabadores no estuvieran separados de Dios. Y éste fue el mensaje.
Que primero necesitábamos arreglar nuestros grabadores.
Que mi amiga necesitaba que una fuente externa le arreglara los ojos.
Al día siguiente fui al dentista para que me arreglara la caries.
Podríamos haber ignorado que nuestros cuerpos funcionaban aparentemente mal y seguir buscando la Expiación, la última sanación.
Y así, incluso si nuestros cuerpos no fueran sanados, estaríamos concientes de nuestro verdadero estado: completamente sanados y completos.
volver