“La mente es el medio del que el espíritu se vale para expresarse a Sí Mismo. Y la mente que sirve al espíritu está en paz y llena de gozo. Deriva su poder del espíritu y desempeña gustosamente su función aquí. La mente puede, por otro lado, verse también a sí misma como divorciada del espíritu y percibirse como dentro de un cuerpo al que confunde consigo misma. Sin su función, pues, no tiene paz, y la felicidad se vuelve algo ajena a su pensamiento". Lección 96
Tal vez una de las preguntas que más frecuentemente se hace acerca de Un Curso de Milagros es “Cómo se hace para escuchar la voz del Espíritu Santo en vez de la voz del ego?”. Aunque seamos antiguos estudiantes del Curso, muchas veces nos es difícil contestar esa pregunta.
El ego que quiere que hagamos de nuestro intelecto un dios es muy hábil y puede infiltrarse en este proceso muy rápidamente. El ego no querría que llegáramos a Dios con manos vacías, pero nos hace creer que nosotros sabemos qué es lo que necesitamos. Nos hace sentir tan seguros de tener la contestación “si” o “no” que ni siquiera tiene sentido aquietar la mente y pedirle al Espíritu Santo que responda.
Es el miedo el que nos pone en piloto automático. Recuerdo un incidente en 1983 en que iba a dar una conferencia en Santa Rosa, California. Aunque estaba bien de salud, tuve laringitis y no podía decir una palabra. Alguien del personal del centro decidió ir en mi lugar. En vista que no estaba enfermo, los sponsors del evento pidieron que estuviera presente aunque no pudiese hablar. Estuve de acuerdo.
Le pedí a Diane si me acompañaría al evento y paramos para comer en el camino antes de la conferencia. Durante dos años había estado usando los poemas de Diane (anónimos por pedido de ella) en las meditaciones para mis talleres y presentaciones. Ella no tenía interés alguno en hablar en publico y me miraba como si estuviera loco si tocaba ese tema.
Le dije a Diane que había planeado recitar algunas de sus poesías esa noche y le pregunté, ya que no podía hacerlo yo, si ella consideraría hacerlo. Su respuesta inmediata fue un “no” muy firme. Le susurré cortésmente una pregunta, si había rezado acerca de ello. Un poco irritada, a regañadientes dijo que “no”. Le pregunté si estaría dispuesta a rezar y asintió. Para su sorpresa el Espíritu Santo le dio un claro y rotundo “sí”. Diane nunca había estado frente al público. Su lectura de la poesía fue espectacular y lleno de magnetismo. Los resultados fueron más que muy positivos. La energía en el salón cambió de un modo tan profundo que ni Diane misma lo pudo negar.
La próxima vez que me invitaron a dar una conferencia rezamos juntos y obtuvimos un “Sí” para que ambos trabajáramos juntos. Fue en la Universidad de California. Cuando llegamos descubrimos que no habían incluido el nombre de Diane en el programa. Sintiendo temor, lo usó como señal de que no iba a hablar, diciendo, “Nunca quise hacer esto de todos modos. Fue idea tuya”.
Mi respuesta fue que estaba desilusionado que su nombre no estuviera en el programa y que no estaba empecinado en que ella me acompañara ese día. Luego le pregunté porqué había decidido venir y cuál sentía que era su propósito. Pensó por un momento y luego contestó, “para dar amor incondicionalmente.” Le pregunté si era capaz de hacer eso. Y respondió “sí, yo puedo hacer eso”. Dije que yo sentía que esto era todo lo que se nos pedía que hiciéramos siempre.
Reiteré que no estaba apegado a que me acompañara esa noche y que apoyaría cualquier decisión que eligiera tomar. Sugerí que tal vez quisiera tomar unos minutos en silencio. Unos minutos más tarde subió al escenario conmigo y así comenzaron muchos años de grato y Santo trabajo juntos.
Nuestros apegos pueden interferir con la decisión de escuchar la voz del Espíritu Santo.
“Tus errores no pueden hacer que el Espíritu Santo se demore en impartir Sus enseñanzas. Sólo tu renuencia a desprenderte de ellos puede hacerlo.” Lección 95
volver