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Comentarios sobre la facultad de ver
Como estudio Un Curso en Milagros desde 1975, hay personas que consideran que ya no debo tener batallas con mi propio ego. Nada más lejos de la verdad. Recientes desafíos en mi vida me han llevado a atravesar gigantescas distancias entre mi cuerpo y mi mente.
En 1989 se me diagnosticó que tenía glaucoma. Mi historia familiar es que mi madre encegueció después de sus noventa años por glaucoma. Mi padre quedó ciego durante sus últimos años, aunque debido a una enfermedad de los ojos completamente diferente llamada retinitis pigmentosa.
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En nuestro Centro de Actitudes que Sanan en Sausalito, California, siempre mantuve que nuestro enfoque era el de curar nuestras mentes, no nuestros cuerpos, y que no debíamos convertirnos en víctimas de nuestros genes. Apliqué esto a mi vida y sentí que podría elegir no enceguecer.
Durante estos ocho años que tengo glaucoma, a pesar de todos los tratamientos, de una variedad de drogas y de cirugía, el daño a los nervios ópticos es tal que mi ojo izquierdo prácticamente no ve. En cambio el derecho ha mantenido una visión de 20/20 y puedo ver perfectamente con él.
Hace alrededor de un mes, fui a hacer un control de rutina. Me hicieron una prueba del campo de visión que se efectúa cada seis meses. Mi médico me dijo que tenía otro defecto en el campo que indicaba un nuevo deterioro en el ojo derecho y que estaba muy cercano a mi visión central.
Me informó que lo iban a tratar agresivamente con drogas nuevas y que necesitaría cirugía. Continuó informándome que no podía predecirlo, pero que si el ojo derecho desmejoraba tan rápidamente como el izquierdo, podría quedar ciego en cinco o diez años. Mis grandes dudas aumentaron e inmediatamente comencé a preocuparme por la posibilidad de quedar ciego.
Después de esa visita, todos los hermosos principios espirituales del Curso se fueron por la borda, empecé a imaginarme como sería estar ciego. Al día siguiente, caminando en la playa de Hawai, me pregunté por cuánto tiempo podría ver la majestuosa belleza del océano en su encuentro con la arena. Mis ojos y mi cuerpo se convirtieron en mi realidad dominante.
Era como tener goma de mascar en la suela de mis zapatos: no poder quitarla ni separar el zapato de la goma. Mi esencia espiritual se sentía remota y no recobraba mi tranquilidad mental de ninguna forma.
Finalmente, antes de sentir culpa por la zambullida dentro de mi ego o de luchar contra él, decidí honrar mi humanidad y mis sentimientos. Me permití empezar a lamentarme sobre la posible pérdida de mi visión. Permití que la noción de la escasez me invadiera, que me sintiera deprimido, y comencé a decaer hasta sentir compasión de mí mismo por la ausencia de amor.
Si en esta instancia había una lección que Dios quería que aprendiera, yo no quería este regalo de ninguna forma. La oración del Curso que Diane y yo nos encanta repetir todas las mañanas juntos, “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó” empezó a parecer una abstracción hueca desprovista de todo significado real. ¡Me sentía cuerpo meramente, y un cuerpo, además, al borde de la no videncia!
Durante cinco días después de mi visita al oftalmólogo, vi más personas ciegas con bastones blancos de las que había visto en un año. Durante esos cinco días llamé por teléfono a mis amigos pidiéndoles ayuda, que no es mi manera acostumbrada de afrontar los problemas. Hablé acerca del Curso con Hugh Prather, Jack y Eulalia Luckett, Wally y Cristine Amos, Judy Skutch Whitson y Ken Wapnik. Estoy muy agradecido a cada uno de ellos por su ayuda y su apoyo.
Finalmente durante éste, el sexto día, comenzó a levantarse el velo. Al decidirme a “elegir de nuevo”, me sentí guiado a remitirme a la lección 136 del Libro de Ejercicios. “La enfermedad es una defensa contra la verdad”. Conocía muy bien esta lección, pero cobraba un nuevo significado para mi. Decidimos con Diane repetir esta lección todos los días durante una semana.
Al final de esa lección hay una cita que me ayudó a gozar de la luz nuevamente.
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“He olvidado lo que realmente soy, pues me confundí a mí mismo con mi cuerpo. La enfermedad es una defensa contra la verdad. Mas no soy un cuerpo. Y mi mente es incapaz de atacar. Por lo tanto, no puedo estar enfermo” .
Luego comencé a hacer las lecciones del Libro de Ejercicios que contenían la palabra “luz”. Por ejemplo, la Lección 75 , que dice “La luz ha llegado” fue particularmente útil al tener la experiencia de mi Propio Yo y todo lo que veo como una luz.
La Lección 91 tuvo gran significado para mí. Dice “Los milagros se ven en la luz. Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces?” También recordé las palabras de Bill Thetford (quién colaboró en dar a luz a Un Curso en Milagros) cuando le pedí que definiera un milagro. Dijo “Un milagro es un cambio de percepción elimina todos los obstáculos llevándolos a la presencia del amor”. La oscura nube del ego comenzó a levantar y luego desapareció. Comencé a sentirme muy tranquilo y más en el presente que nunca. Ya no cerraba la puerta con respecto a la abundancia del Amor de Dios.
Comencé a sentir nuevamente que no son mis ojos los que me dicen lo que es real, no son mis ojos los que hacen que tenga luz interior (y exterior), y verdaderamente no son mis ojos los que determinan mi visión. “La percepción interior y exterior” la da mi voluntad de usar la visión de Cristo: de observar todas las cosas sin juz-garlas. Me complace decir que mis dudas desaparecieron.
No persisto en querer curar mis ojos, y estoy aprendiendo nuevamente a sanar mi mente. Tampoco me detengo a pensar en los posibles resultados futuros. Nuevamente veo mi cuerpo como un vehículo neutral para el Amor de Dios y la Luz. Repetidas veces me esfuerzo por recordar qué es ilusión y qué es verdad. El presente parece más preciado y hermoso que nunca.
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