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Yo, Jerry, como la mayoría de los hombres, prefiero no comprar ropa para mí o para Diane las pocas veces en el año que ella me invita a ir con ella. En el pasado he pensado que nací con el gen del “odio de las compras” que parece surgir cada vez que voy de compras.
Como Diane no me pide demasiado, me encuentro diciendo que “sí” pensando que es lo más amoroso. Pero a los cinco minutos estoy mirando el reloj preguntándome cuánto más voy a tener que soportar este dolor. Me vuelvo impaciente y frustrado, y casi siempre termino diciendo, “¿No es hora de irnos?”
Bueno, hace unos años decidí pedirle ayuda al Espíritu Santo. Es decir, ¿qué puedo hacer para cambiar mi actitud acerca de las compras? La respuesta me sorprendió, ciertamente. La próxima vez que fui de compras con Diane, tenía que llevar una pequeña libreta y un lápiz y encontrar un asiento cómodo en una tienda. En lugar de poner el foco en cuánto sufría, tenía que escribir “Poemas de Amor” para Diane.
Lo que sucedió fue sorprendente. El Espíritu Santo fue muy generoso al darme una profundidad en las palabras que no sabía que poseía. Perdí toda noción del tiempo o del lugar donde estaba. Sentí pura dicha y amor en cada momento que estaba ahí. No miré mi reloj ni una vez y estaba feliz.
Cuando Diane terminaba con sus compras, se sentaba al lado mío y escuchaba mientras le leía lo que había escrito. Una situación que odiaba se transformó en una experiencia romántica en la cual experimentaba la presencia de Dios, y tanto Diana como yo renovábamos nuestra unión.
Es una bendición haber pasado tanto tiempo con los escribas de Un Curso de Milagros, Bill Thetford y Helen Schucman. De maneras diferentes fueron maestros maravillosos para mí. Recuerdo bien y nunca he olvidado un día en que le pregunté a Bill, “Explícame en términos sencillos qué es un milagro para que lo pueda entender.” Sin pausa dijo, “Un milagro es un cambio en la percepción que despeja los obstáculos que impiden la conciencia de la presencia del Amor en nuestras vidas.”
La Lección 89 del Curso es, “Tengo derecho a los milagros.” Las veces que he ido de compras con Diane desde esta experiencia dramática, continué teniendo ese cambio de percepción. Creo que estoy experimentando un milagro de Amor.
Yo, Diane, tuve una experiencia maravillosa luego de la transformación de Jerry. Haciendo compras en Macy’s con mi mamá, me sentí atraída a otra tienda y de veras no sabía porqué estaba ahí. A mi izquierda había una joven mujer mirando un perchero de vaqueros y a mi derecha, su esposo estaba sentado en una silla baja con cara de aburrimiento, impaciencia y frustración. Mientras su esposa miraba la ropa, le dije con empatía, “A veces puede resultarles difícil a los maridos ir de compras con sus esposas.”
Serio, respondió, “Ya lo creo. Lo odio.”
Le dije al pasar, “Mi esposo también lo odiaba.”
“¿Ya no?” preguntó.
“No,” respondí. “¿Quiere que le diga cómo cambió?”
“Por favor dígamelo,” me imploró.
Le conté de la libreta que Jerry llevaba y cómo encuentra un asiento cómodo en la tienda. “En lugar de poner su atención en cuánto sufre, como lo hacía antes, me escribe un poema de amor. Cuando termino de hacer las compras, me siento con él y me lee lo que creó como mi regalo. Es tan romántico, y salimos de la tienda de la mano y dándonos besos.”
El joven me miró y luego a su mujer y alzando la voz le preguntó, “Cariño, ¿tienes un lápiz?”
Una de las enseñanzas maravillosas del Curso es que nuestras mentes no conocen de limitaciones. Tantas veces nos quedamos atrapados por el ego y nos olvidamos que son sólo nuestros pensamientos y creencias equivocadas las que nos limitan. Los pensamientos crean nuestra realidad, y sólo nuestros pensamientos y actitudes pueden lastimarnos.
A veces junto artículos de los diarios para recordar qué es lo que puede suceder cuando uno se escapa de las leyes del mundo y opera bajo las Leyes de Dios.
Uno de esos artículos era acerca de una mujer que tendía la ropa en su garaje. El auto de su marido estaba sostenido sobre cuatro bloques. Su hijo de cuatro años jugaba cerca y ella no había notado que estaba debajo del auto cuando uno de los bloques se resbaló y quedó atrapado debajo del auto. Ella inmediatamente corrió y literalmente levantó el auto para que su hijo se pudiese escapar.
Al día siguiente no había manera de repetir la hazaña de levantar el auto, pero el poder del Amor no conoce de límites.
Cuando dejamos de hacer presunciones basadas en nuestro pasado, los milagros de veras suceden, y nada es imposible donde está el Amor.
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