Es una experiencia tan maravillosa sentir la presencia de Dios en la vida y elegir la fuerza de Dios en lugar de nuestra debilidad.  Como sugiere el Curso, es una lección que podemos practicar cuando nada perturba nuestra paz mental.  Sigue diciendo que es fácil reconocer que no hay nada que temer.  “Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad, les es muy difícil reconocerlo.”

Recientemente pasamos un día en que nuestras ilusiones parecían ser verdad.  Cuando la televisión y los diarios anunciaron la guerra contra Irak nosotros hacíamos que las ilusiones parecieran reales, como se podrán imaginar.  Debido a ello parecía haber muchas cosas que temer.  Nuestros juicios nos traían más conflicto a la mente y comenzamos a tomar partido, separándonos del Presidente Bush, y separándonos del recuerdo de Dios.

Estamos seguros que no somos los únicos que permitimos que el ego se hiciera cargo.  Comenzamos a esforzarnos por ver al Presidente Bush como nuestro hermano siamés.  Comenzamos a ver que había una luz muy brillante en él.  Durante todo el día repetimos en silencio “No hay nada que temer.”  A medida que íbamos serenándonos, nos dimos cuenta en qué medida nuestro temor tenía que ver con la incertidumbre por el futuro.  Decidimos esforzarnos por permanecer en el presente.

Más y más le pedimos a Dios Su ayuda para quedarnos en el presente.  Más tarde recibimos un email de una persona que no conocíamos hablando de una experiencia que tuvo al leer uno de nuestros libros.

Era una carta de agradecimiento.  Decía que había estado en un estado casi continuo de miedo desde Septiembre 11.  Sentía que había un potencial terrorista a la vuelta de cada esquina.  Describió cómo cambió luego de leer la historia del miedo de Jerry de contraer tuberculosis.

Era un incidente que ocurrió en 1949 cuando era residente en un hospital de Boston.  “Era una residencia rotativa y el tercer mes de mi residencia me tocaba estar en una sala de tuberculosos.  Tenía mucho miedo de terminar infectado de tuberculosis.  Mi fantasía era poder tomar una inspiración profunda y no respirar durante un mes.

“Una noche en la segunda semana de guardia en la sala me llamaron por una emergencia con una paciente con tuberculosis que también era alcohólica con un hígado dilatado.  Al llegar a su habitación comprobé que había vomitado sangre y que casi no tenía pulso y casi no respiraba.  Le di respiración boca a boca.  Comenzó a respirar y le pusimos un tanque de oxígeno.

“Finalmente se recuperó.  Cuando volví a mi habitación descubrí que no había tenido nada de miedo.  Estaba completamente en el presente únicamente pensando en ayudar a alguien y tratar de salvarle la vida.”

La persona que nos escribió el email dijo que a través del ejemplo ella comenzó a vivir en el presente, a usar cada momento como una oportunidad de ayudar a otros.  Ella no estaba concentrada en su cuerpo.  No estaba pensando en el futuro.  No estaba interpretando nada.

Las ilusiones pueden parecer reales. Pero como dice la introducción al Curso,

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.

 



volver