Al ayudar a gente que ha sufrido una tragedia significativa, o a gente que mira la violencia por televisión, la primera pregunta que más veces escucho es “¿Cómo puede suceder semejante cosa?”  Es una respuesta natural cuando nuestro mundo se pone al revés.  Una historia personal lo ilustra.

Durante muchos años, trabajé con gente joven, miembros de pandillas, llegando a conocer a muchos de ellos muy bien.  La mayoría eran almas perdidas buscando pertenecer.  Hoy supe de dos tiroteos llevados a cabo desde autos en marcha en que murieron muchachos jóvenes, y sentí emociones distintas: horror ante el acto, dolor por la pérdida de esas familias, y las profundas heridas de los autores del crimen.  Me sentí entumecido, triste, experimenté la ira serruchándome las entrañas.  Finalmente, sentí las lágrimas de humanidad asomando a mis ojos.  “¿Qué puedo hacer? ¿Cómo lo puedo cambiar? ¿Tiene que ser así?”

Es natural tener el deseo de encontrarle sentido a una situación que no comprendemos.  Mas la pregunta que más nos puede servir es “¿Cuál es la causa primaria de esto, y hay algo que yo pueda hacer?”  Creo que es a esto que el Curso quiere responder, y lo hace de una manera excelente.

Hace falta entender qué es la salud mental y espiritual óptima si hemos de sanar de la tragedia.  ¿De qué otra manera se sabría donde dirigir los esfuerzos?  Si, por ejemplo, creemos que la ira y amargura van a resolver una situación en particular, entonces seguir echándole leña al fuego de esa ira tendría sentido.  Sin embargo, si determinamos que la salud es algo completamente distinta, nos competería ir en esa dirección.  Recuerda, el Curso sugiere básicamente que la salud es paz interior.

En un nivel personal, un psicólogo o médico identifica un estado ideal de salud, determina lo que constituye un desequilibrio o enfermedad, y luego busca formas de devolver la integridad.  Si aplicamos este mismo esquema al cuerpo y mente más amplio de la humanidad se procurará una base estable en la cual construir la sanación global.

Lo que se necesita para vivir una vida espiritual más consistente es disciplina y orientación práctica.  Todas las lecciones en el Curso conducen a esto, pero a veces ayuda simplificar todo lo más posible.  Los siguientes seis puntos pueden considerarse pautas básicas para curar, prevenir y prepararse para la tragedia.  Aunque no son enseñanzas directas del Curso, creo que concuerdan con él.


1)       Respirar hondo y pensar en Dios frecuentemente cada día.  Durante una crisis esto ayudará a evitar el pánico.

2)       Escuchar cuáles son mis preocupaciones, tomándome el tiempo de resolver problemas y conflictos personales, y vivir con simpleza.

3)       Construir relaciones basadas en el amor, respeto, y el deseo de entender.

4)       Tratar de dar forma a mis acciones, palabras e incluso pensamientos con un espíritu de compasión.

5)       Practicar la paciencia, extender la amabilidad, compartir la buena fortuna, y ser dichoso y agradecido por el Amor de Dios.

6)       Vivir suavemente sobre la tierra y no dañar intencionalmente a ninguna cosa viviente.


Ninguno de nosotros pondremos esto en práctica en forma perfecta, pero en momentos de trauma e infortunio estas seis pautas nos ayudarán a elegir consistente y conscientemente al poder del Amor de Dios en vez del miedo y la ira.  Esta elección es la más importante que podamos hacer.  Nuestras vidas, felicidad, éxito e incluso supervivencia dependen de ella.



volver