El 11 de marzo 2004 tuvimos una experiencia de aprendizaje muy poderosa que nos ayudó a reforzar algunas de nuestras creencias.  Presentamos nuestro libro, El perdón, el sanador más grande de todos en el Hospital Estatal de Kanehoe, Hawaii, ante unas 70 personas.  La mitad de ellos eran pacientes con enfermedades mentales y la otra mitad eran miembros del personal.

Antes de comenzar un hombre hawaiano con una hermosa voz en falsete tocó la guitarra.  Acompañó a siete mujeres del “halau” local (grupo de danzas hawaiano) que bailaron hula con una cualidad sagrada.  La composición única de este halau es que incluía pacientes además de miembros del personal.  Era fascinante notar que era imposible diferenciar entre pacientes y personal médico.  A nosotros nos parecía que eran una sola familia sin clasificaciones.

Sabíamos que muchos de los pacientes habían residido en este hospital durante años con una variedad de diagnósticos como esquizofrenia, depresión maníaca, además de otras enfermedades mentales.  Algunos habían cometido crímenes violentos y estaban ahí por razones forenses.  Pero en esta situación no eran evidentes las máscaras de sus diagnósticos y las etiquetas de quienes eran.  Lo que sí era evidente era la energía de la Luz y la Esencia del amor en el corazón de todos.

Era como una bienvenida a casa para Diane pues había hecho su residencia en este hospital en 1995/96 y sintió que su experiencia había sido uno de los aprendizajes más importantes de su vida.

Cuando Diane comenzó su residencia, decidió no mirar las historias de sus pacientes antes de conocerlos.  Decidió verlos como amorosos o temerosos, haciendo un pedido de ayuda o amor.  Estableció una comunicación asombrosa.  Por ejemplo, una persona que había sido muda y no le había hablado a nadie durante años, comenzó a hablarle a Diane.  De a poco lo enviaron con su familia y no ha regresado a la fecha.

Diane decidió iniciar un Grupo de Apoyo de Actitudes que Sanan cuando estaba en el Hospital.  Muchos de los miembros del personal le dijeron con los pacientes no asistirían o que se dormirían durante las reuniones debido a su capacidad de atención limitada.  Diane aclaró en su grupo que ellos eran sus maestros tanto como ella lo era de ellos y que estaba ahí para encontrar sanación para ella tanto como para ellos.  La asistencia de pacientes fue del 98% durante nueve semanas.  Estaban despiertos y no solo participaban activamente sino que le ayudaron a diseñar el curso.  Se repitió de nuevo en la segunda mitad del año.  Ahora hay un Grupo de Apoyo de Actitudes que Sanan formado por Pat Tielen que es el Director de Servicios sociales y un miembro fundador del Centro Honolulu de Actitudes que Sanan.

Ambos hemos dicho muchas veces que tal vez todos nosotros estamos igualmente dementes, y únicamente la forma es diferente.  Tal vez si todos pudiesen mirar dentro de cada mente par ver los pensamientos, el diagnóstico de todos sería sicóticos.

La nomenclatura de diagnósticos siquiátricos es un libro grande con muchas categorías distintas.  Pensamos que debería tener una sola página y una frase que diga “Una persona es cuerda cuando su experiencia de sí misma es amor y regala ese amor.  Inversamente, una persona es demente cuando no tiene experiencia de ser amor y no regala amor.”

Si creyésemos en esa definición, significaría que la mayoría de nosotros que estamos tan ocupados enjuiciando y albergando resentimientos contra otros y contra nosotros mismos, seríamos dementes.

Creemos que la verdadera sanación tiene que ver con sanar la ilusión de que estamos separados el uno del otro; aceptar que somos todos hermanos con una sola mente unida.

En la presentación que dimos sobre el perdón señalamos que uno de los problemas principales que tienen todos los que viven en este mundo es la elección de perdonar o no.  Hablamos de los desafíos que tiene el personal médico en el trabajo y en casa y los desafíos similares de los pacientes y de nosotros como matrimonio.  Si nos sacamos nuestras máscaras y categorías, todos somos muy parecidos.

Entonces ambos dimos ejemplos de algunos de los desafíos que teníamos en cuanto al perdón.  Hablamos de algunos de los principios del perdón y luego invitamos al público a participar y decirnos qué resistencias sentían acerca de perdonar.  La participación fue bastante dinámica y había sensación de unicidad a medida que el público compartía sus experiencias.

Quedamos convencidos más que nunca que si el mundo demente que parece que vemos ha de cambiar, lo hará debido a que cada uno de nosotros cambiará su propia mente para poder vivir una vida de amor y perdón y ver a todos como hermanos... o mejor aún, como gemelo.

No estamos diciendo que el diagnóstico no es útil.  El problema es, sin embargo, que nos quedamos atrapados en la clasificación, la conducta y los síntomas, y dejamos de ver al ser humano y espiritual total que está debajo de la conducta.  A medida que tenemos el coraje de sacarnos nuestras máscaras, mejor podremos ver más allá de las máscaras de los demás.

Una historia acerca de las clasificaciones tuvo lugar en un cóctel en Nueva York al que había sido invitado Jerry por Judy Skutch Whitson.  En realidad Jerry no tenía ganas de ir a un cóctel y terminar hablando de cosas superficiales.  Finalmente asintió y llegó algo tarde.  Había mucha gente.  Vio un sofá libre y se fue a sentar al mismo tiempo que otro hombre.

Conversaron animadamente.  Después de una media hora Judy se acercó y dijo “Oh, qué suerte que ya se conocieron.”  Jerry y el otro hombre respondieron, “No, nos pusimos a charlar inmediatamente.”

Entonces Judy presentó a Jerry como un famoso siquiatra de California, en tanto que el caballero se puso de pie, con una sonrisa en los ojos y dijo, “Judy, odio a los siquiatras.”

Entonces Judy lo presentó como Byron Janis, un famoso músico.  Jerry les contó que le encantaba la músico pero que no se consideraba un experto y que si hubiera sabido que Byron era un famoso músico probablemente hubiera desaparecido quién sabe donde por no sentirse capaz de conversar con él.

Todos se rieron al reconocer que si hubiesen estado usando sus “máscaras” probablemente no se hubiesen conocido.  Fue una lección muy poderosa.

¿Has pensado cuántas veces le has preguntado a una persona al conocerlos qué es lo que hacen?  Lo que  sigue frecuentemente es un juicio acerca de esta persona y una decisión sobre si quieres hablar más con él.  Tantas de nuestras preguntas nos llevan a juzgar.  Tal vez en lugar de clasificar a la gente y juzgarlos, podemos hacer lo que hizo Diane como residente.  Tomó la decisión de ver Luz en todos, de ver la esencia del Amor en todos incluyéndose a sí misma y ver a todos como maestros de perdón y amor.



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