En el pasado, encontraba muy difícil orar. La oración se parecía a tirar una nota por debajo de las puertas cerradas del Cielo. Yo había definido a la oración, dentro de la tradición occidental, como pedirle a un Ser Superior externo a mí, ajeno a mis preocupaciones cotidianas.

El Curso refuerza esta idea en cierta medida, con la idea de que Dios no sabe nada de lo que está pasando en nuestro mundo de ilusión. Él sólo sabe que estamos soñando y que nos despertaremos. Él no toma en serio el contenido del sueño. Entonces, ¿cómo podemos orarle a un Dios que no sabe o que no se preocupa por lo que nos está pasando?

Sin embargo, un principio básico que se comparte con la mayoría de las tradiciones religiosas (y con Un Curso de Milagros) es el entendimiento de que el Reino de los Cielos está en nuestro interior, que somos Divinos y por lo tanto no podemos orarle a una entidad afuera de nuestro Ser.

Existen 3 distinciones importantes en el Curso que han hecho que la plegaria sea significativa para mi.

Primero la idea de que la oración es pedir por algo:

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es mas que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees.
Texto, Pág. 49

Segundo, la idea de que mientras estamos en el sueño, oramos a Dios a través del Espíritu Santo, quien es el intermediario, el vínculo de comunicación entre Dios y sus Hijas e Hijos separados, la Voz de Dios que entiende el contenido de nuestro sueño turbulento en el que estamos y quien también sabe Quien Somos.

El Espíritu Santo es el mediador entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del espíritu.
Texto, Pág. 87

 Tercero, dentro del Curso existe una distinción entre plegaria y comunión. Mientras que la oración es pedir por algo (perdón), la comunión con Dios ocurre en la quietud, en el Instante Santo. Es sin palabras.

Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesaria...La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. Es estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración.
Texto, Pág. 50

Nunca olvides que el Espíritu Santo no depende de tus palabras. Él comprende las peticiones de tu corazón, y las colma.
Manual, Pág. 78

Esta es la respuesta para mi confusión respecto de la oración. En serena comunión con el Espíritu Santo , los pedidos de mi corazón son escuchados, comprendidos y respondidos. La comunión es un estado que está más allá de la percepción, un estado de conocimiento, un Instante Santo.

Hace poco, escuché al Dr. Larry Dossey hablar sobre su nuevo libro “Palabras que Sanan”. En este libro, presenta enorme cantidad de evidencia científica que demuestra que la oración sana. Sin embargo, él cree que nosotros oramos más por gratitud y que son pocas las plegarias de súplica. También explica su investigación sobre la oración y la sanación diciendo que las oraciones más “efectivas” son pedidas por personas que tienen cuatro cualidades: empatía, compasión, cuidado y amor. En otras palabras, que una plegaria sin amor es una plegaria desperdiciada.

Y yo he encontrado que es dentro de la comunión, que se descubre el amor. Si estoy en conflicto con alguna hermana o hermano, o si los veo enfermos o como incompletos, puedo orar por perdón y tratar de sumergirme dentro de ese lugar tranquilo interior, para descubrir mis propios obstáculos que me impiden ser conciente de la presencia del amor, tanto en mi como en ellos.

El Instante Santo es la morada de los milagros... Y lo único que se requiere para que todo esto ocurra es un instante de tu amor sin traza alguna de ataque. En ese instante sanas, y en ese mismo instante se consuma toda la curación.
Texto, Pág. 649

Si permito que la sanación ocurra en mi, la sanación se extiende en amor hacia aquel por el cual estoy pidiendo, ya que

           al tú escucharle, Su Voz se extiende...
           Texto, Pág. 649

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