A pesar de que podamos no recordarlos bien, yo creo que todos nosotros tuvimos momentos en nuestras vidas donde nos hemos sentido completos y realizados, momentos en los que no había percepción de carencia, solo plenitud y amor. En esos momentos, espontáneamente cruzamos los confines de la creencia del ego en la carencia y nos hicimos conscientes de la verdad de quien somos en realidad.
Podemos poner estos momentos espontáneos bajo control consciente siendo absolutamente claros con respecto a que es lo que queremos.
Paz mental es lo que quiero.
En este mismo momento estoy pleno de amor.
¿Cómo no recibir lo que quiero cuando pido aquello que ya tengo?Un día de invierno, hace unos años atrás, me encontraba agobiado por los problemas. Sentía como que estaba encerrado en una vida que no era como yo quería que fuera. Su hubiera hecho una lista de aquello que pensaba que necesitaba antes de poder respirar con soltura, hubiera sido una lista muy larga. Era un día sombrío, brumoso, y eso sólo parecía agrandar mi depresión. Estaba manejando rumbo al trabajo, preocupado con todo lo que yo pensaba que tenía que hacer, cuando una inusual idea irrumpió en mis pensamientos: seguí manejando hasta la playa.
Tenía un día muy atareado por delante y normalmente hubiera ignorado semejante pensamiento. Pero ese día fue diferente; decidí manejar hasta la playa. Cuando llegué me senté sobre las rocas que delineaban la bahía y contemplé el agua. En vez de pensar en todo lo que tenía que hacer, permití que la belleza de esa mañana de invierno llegara hasta mí.
Repentinamente hubo un cambio sorprendente en mi percepción. Todos los pensamientos de las cosas que tenía que hacer le dieron paso a sentimientos de compleción en el momento. Una conciencia sanadora me inundó. No había nada que yo tuviera que estar haciendo en ese momento excepto estar exactamente donde estaba, experimentando exactamente lo que estaba experimentando. Me sentí pleno de vida y amor, y supe, sentado ahí sobre esas rocas que no tenía que conseguir nada más con el objeto de tener paz.
Todo lo que necesitaba hacer era permitir que aquello que ya estaba allí llegara hasta mí. Era como si el sol hubiera llegado luminoso a través del cielo invernal. En ese instante había cambiado el pensamiento de que era imposible que yo fuera feliz dadas las circunstancias para darme cuenta de que yo podía cambiar mi percepción y experimentar la libertad del momento presente.
El ego nos dice que vivimos en un mundo donde nuestra felicidad depende de tener más. Nos dice que para tener más, tenemos que hacer más. El problema es que ese sistema de pensamiento adictivo tiene la filosofía de “Lo Que Tienes Nunca Es Suficiente”. Una vez que tenemos lo que pensamos que necesitamos, nuestra energía se concentra en proteger lo que tenemos y conseguir más.
El sistema de pensamiento basado en el amor, reconoce que el sistema de pensamiento del ego es insano y que sólo nos conduce al conflicto. La abundancia es el simple reconocimiento que aquello que tiene valor no lo pierde a lo largo del tiempo y que no necesita ser protegido. Aquello que tiene valor tiene más valor cuando se da. Cuando abrazamos la abundancia determinamos aquello que es valuable de una forma completamente diferente con la que percibíamos al mundo a través de la lente de la carencia.
La verdadera prueba del valor de algo, es observar si éste crece al darlo. Por ejemplo, el amor, la gentileza, la compasión y el cuidado solo incrementan su valor cuando se comparte con otros.
El tiempo no degrada aquello que tiene valor.
El sistema de pensamiento adictivo dice “Debo hacer algo más antes de que pueda tener paz”. El sistema de pensamiento basado en el amor dice “ La paz se conoce en una mente quieta”.
Aquello que tiene valor no necesita ser defendido; la paz es de aquellos que ofrecen paz.
El amor se llama a sí mismo. El ataque se llama a sí mismo. Aquello que valoras es aquello que eliges, y todo queda determinado por la opción que escojas.
La llave de la paz es darle a los demás aquello que ya tienes, en vez de tratar de conseguir aquello que tu crees que necesitas.
La abundancia ofrece una alternativa al pensamiento de que tu no eres no es suficiente, ofreciendo un reconocimiento de tu eres todo. La abundancia no ve ningún valor en el temor, ya que la abundancia reconoce que nada de valor se puede perder. Cuando sabes que tienes amor y que eres amado, ¿qué otra cosa quisieras hacer excepto compartir aquello que tienes? La abundancia valora situaciones “ganar para ganar”. El ego valora situaciones ganar para perder.
Puede parecer que la abundancia sugiere que dejemos de trabajar o que no hagamos nada. Esto no es cierto. Tuve la buena fortuna de pasar algún tiempo con uno de los maestros más grandes sobre la abundancia: la Madre Teresa. En verdad, ella no puede ser acusada de no hacer nada. Y al mismo tiempo, cuando ella comenzaba con una misión, no pensaba en términos de carencia, diciendo “Oh, no podemos hacer esto porque no tenemos dinero suficiente”.
La Madre Teresa sabe que el amor y la gentileza son todas las cosas que en verdad importan y que todo lo demás se va acomodando solo. No es un consultorio lindo o alimentos costosos lo que crea la sanación; es el amor quien lo hace. La Madre Teresa trabaja duro en verdad, pero lo hace desde el lugar de la abundancia, sabiendo que ella tiene que dar, sin pensar en la carencia o lo que perderá.
El sistema de pensamiento basado en el amor – que incluye una actitud de abundancia- verdaderamente puede sanar la mente adictiva.
El ego ve problemas y obstáculos en cada situación.
El pensamiento basado en el amor ve oportunidades para aprender en cada situación.
El pensamiento adictivo se aferra al temor, creyendo irracionalmente que el temor sirve para algo.
El pensamiento basado en el amor reconoce que la sanación es dejar ir el temor.
El pensamiento adictivo se aferra al pasado negativo, pensando que los resentimientos y culpa sirven a un propósito.
El pensamiento basado en el amor establece que la sanación es reconocer la valía en todo y en todos.
El ego iguala juzgarte a ti mismo con sanarte a ti mismo.
El pensamiento basado en el amor iguala juzgarte a ti mismo con amarte a ti mismo.
El pensamiento adictivo se te dice que estás separado y que tus pensamientos no pueden hacer una diferencia.
El pensamiento basado en el amor te dice que la fuerza de sanación más poderosa es un pensamiento amoroso y de perdón que nos une a todos.