Cada vez que te aprisionas al pasado
O te preocupas por el futuro,
Estás mirando hacia ningún lado
Viendo cosas que no están allí.

Con el pensamiento basado en el amor, dejamos de ver al tiempo como lineal y nos concentramos en el presente. Imagina por un momento qué distinto te verías a ti mismo si soltaras todo el pasado que utilizas como combustible para alimentar las flamas de la culpa y la ira. Te verías a ti mismo en la pureza del momento presente y lo que verías sería amor.

Quizás nunca te hayas cuestionado ver al tiempo como algo no lineal y en consecuencia participas mecánicamente de un mundo que está regido por el reloj. La gente parece estar siempre luchando contra el reloj, corriendo constantemente para vencerlo. La primera vez que vemos a alguien, tendemos a evaluarlo en términos de lo que ha hecho o no en el pasado. Cuando contestamos un pedido de trabajo, enviamos un currículo: una lista de nuestro pasado. De hecho, tendemos a determinar nuestra propia valía según la crónica de nuestro pasado nos va rellenando la cabeza.
Como sociedad y como individuos, observamos lo que hemos hecho y lo que no hemos hecho en el pasado, en vez de contemplar quienes somos en el presente.

Cuando nos concentramos en el presente, la ventana de nuestra percepción cambia radicalmente. Comenzamos a ver al mundo y a nosotros mismos bajo una nueva luz. Hay un sentimiento de algo nuevo, de liberación y de alivio. En el momento presente, no hay más reglas de comparación externas para determinar nuestra valía; sólo el amor brilla en ti y a tu alrededor. Al cambiar nuestra percepción con respecto al tiempo, una sensación de paz entra a nuestras vidas. 

En mi propia vida, he encontrado un patrón de pensamiento adictivo y podría escribirlo así:
1) Ante una determinada situación, solía ir a mis bancos de memoria para determinar si la situación era "buena" o "mala". 
2) Si, basándome en el pasado, estimaba que era buena, me comportaba de una forma tal que la situación terminaba siendo "positiva".
3) Si estimaba que la situación era mala, me enojaba y siempre terminaba teniendo una experiencia "negativa".

Al comenzar a contemplar este patrón, me di cuenta de un importante factor. Había pensado que reaccionaba apropiadamente a cada situación, cuando de hecho no era así. Estaba reaccionando según mi percepción de la situación, basándome en mi memoria.
Nunca antes se me había ocurrido que lo que yo creyera de la situación determinaba la experiencia que tenía. 
Me di cuenta que podía crear con la misma facilidad, tanto una situación positiva como una negativa, independientemente de la situación.
Me di cuenta de que no hay situaciones "buenas" o "malas": toda situación es simplemente una oportunidad para aprender.
Lo que hacemos de cada situación depende de nosotros.

Hace algunos años, volvía a mi casa luego de unas vacaciones en México. Mi avión iba desde la ciudad de México hasta San Francisco. En aquella época, el aeropuerto de México utilizaba ómnibus para llevar a los pasajeros desde la terminal hasta el avión. Iba caminando hacia al ómnibus, concentrado en mis propios pensamientos sin prestar mucha atención a mi entorno; simplemente obedecía los carteles. Subí al ómnibus y después al avión. Mientras el avión carreteaba por la pista, la azafata dio a bienvenida a los pasajeros en su viaje a New York vía Houston. Quedé boquiabierto. Yo quería ir a San Francisco , no a Nueva York. Durante un rato, me repetía lo siguiente (observen cómo iba desde culparme y pensar que era un tonto hasta culpar a otros para terminar preocupándome sobre el futuro, y todo eso junto me causaba vergüenza y bochorno):

"¡Cómo puedo ser tan tonto como para subirme al avión equivocado! ¡No puedo creer haber hecho algo así! Esto va a ser horrible, igual que todas las otras veces en las que hice cosas tontas. No puedo creer que ninguna de las azafatas haya leído mi boleto. La culpa la tiene esta incompetente compañía aérea. ¡Qué vergüenza me va a dar admitir que me subí al avión equivocado! La gente me va a estar esperando en el aeropuerto de San Francisco. Me gusta verme bien. ¡Cómo voy a explicar esta idiotez!”

Como pueden ver, fui al banco de memoria del pasado y busqué experiencias similares. Las encontré y las puse en funcionamiento, convenciéndome de que esto también tendría un resultado adverso.
Después de esta negativa conversación conmigo, lo próximo que hice me sorprendió.
Me detuve y dije: “Un momento. Esto no tiene porque ser malo”
Inspiré profundamente, cerré mis ojos y le pedí a mi guía interior que me ayudara para cambiar mi percepción de la situación.

Cuando abrí los ojos, noté que la gente a mi alrededor estaba frenética. 
Antes de esto, como yo había estado tan preocupado con mi conversación conmigo mismo, no había podido observar adecuadamente mi entorno. 

Al subirnos al ómnibus, el chofer nos condujo a un avión equivocado. Comencé a reír, al igual que la persona que estaba sentada a mi lado. El avión descendió y fuimos llevados al correcto. Despegamos y durante todo el vuelo tuve una interesante charla con mi compañero de vuelo.

Fui capaz de disfrutar de todo esto después de haber entregado el momento y concentrarme en lo que estaba sucediendo en el presente. Cuando había buscado en el pasado para determinar como debería reaccionar, vi algo que estaba muy lejano de la situación actual. De manera similar, cuando me había preocupado por el futuro, no estuve atento de mi compañero de vuelo.

Cuando hicimos el trasbordo, noté que la gente tenía básicamente dos experiencias. Algunos rezongaban, enojados por el inconveniente, haciendo comentarios sobre las citas que perderían y cosas así. Otra gente, la minoría, parecía que se tomaba el hecho con calma, de la misma forma en la que yo estaba aprendiendo a elegir lo mismo. 

Comencé a observar a la gente que estaba enojada bajo un luz diferente. 
Vi que la única diferencia entre la paz mental y el conflicto eran las lentes a través de las cuales esa persona estaba observando la situación, y esas lentes dependían de cada individuo. 

Estaba feliz de aprender a elegir la paz mental: el momento presente.
Al aprender a aceptar las cosas que me son imposibles de cambiar, encuentro la paz mental.

 

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