Un lector pregunta: ¿Cómo puedo ir a un estado de consciencia más elevada cuando interactuó con mis hijos o cuando intervengo en sus conflictos o cuando no están escuchando? ¡Es tan fácil caer en el enojo inmediatamente!

Tu pregunta es muy buena y probablemente haya muchas maneras de responderla, pero compartiré contigo lo que funcionó para mí y luego ofreceré algunas sugerencias que tal vez ayuden.  Para evitar confusión, presumo que lo que quieres decir con “un estado de consciencia más elevada” es un estado mental en que sientes más amor y paz que temor o ira.  O, para usar el término del Curso – un estado de percepción correcta o mentalidad recta en que puedes ver los conflictos de tus niños y su falta de respuesta como un pedido de ayuda, y no un pedido de juicio e ira.

La mente superior piensa de acuerdo con las leyes que el espíritu obedece, y, por lo tanto, honra únicamente las leyes de Dios.
T-5.I.1:5

Lo que me ayudó para cambiar mis percepciones y dar un paso hacia un estado mental más elevado en mi interacción con los niños de mi guardería, fue el intenso estudio del Curso y la práctica repetida de algunas lecciones clave que tratan sobre el ver las cosas de otra manera y de cómo nunca estamos mal por la razón que pensamos.  Son maravillosamente perspicaces y poderosas en su habilidad para provocar cambios genuinos en mis percepciones.  Comencé primero por reconocer que es imposible llegar a un estado más elevado cuando uno se apega al miedo.  No importa si estuviera levemente irritada o impacientemente enojada, exasperada o sólo crítica – eso era suficiente para mantenerme encerrada en un estado inferior de consciencia.  Se me hizo muy claro que después de fallar incontables veces tratando de mantener una percepción amorosa cuando los niños se portaban malísimamente mal, que hacía falta que yo me entregara a la práctica espiritual e introspección seria.  Estaba cansada de luchar tanto para luego volcarme al enojo y a la frustración.  Por lo tanto mi plan era: Cuando los niños demostraran lo más bajo en ellos, yo necesito convocar lo más elevado en mí.  Sólo entonces puedo ayudar a conducirlos a lo más elevado en ellos mismos.  Funcionó porque confié exclusivamente en las ideas del Curso para ayudarme a aprenderlo y enseñarlo cuantas veces tuviera la voluntad de hacerlo.

Una idea clave del Curso que fue un gran motivador para un cambio en mí fue la idea que cada pensamiento que tenemos es siempre una elección entre el amor o el miedo.  Lo que me desagradaba especialmente era que mi enojo tenía que ver con que tenía miedo.  Mi ego lo resistía porque no quería que mi enojo se viera como un reflejo de debilidad en vez de fortaleza.  Y lo que lo hacía más duro era la insistencia del Curso en que la ira jamás está justificada.  Eso desinfló mi actitud de superioridad moral que dictaba que no importa lo que sucediera, no iba a aguantar la mala conducta o falta de respeto de los chicos y si mi enojo era lo que los hacía escuchar, entonces así sería.  Había sido testigo de suficientes padres que se iban al otro extremo de permitir que sus hijos fuesen groseros, irrespetuosos y dañinos con ellos o con otros niños, de modo que razonaba que había ciertas veces en que era mucho mejor enojarme por esas cosas que ser demasiado blanda.  De todos modos, tener miedo de disciplinar a los niños o ponerles límites era el mismo problema que el del miedo pero en una forma distinta – sólo que el impulso era la culpa encubierta en vez de la ira manifiesta.

El Curso me ayudó a aprender que había una alternativa al enojo y que igual podía ser firme cuando necesitaba serlo.  Lograba resultados mucho mejores además de cooperación si soltaba el miedo y sostenía un estado de consciencia amorosa y comprensiva al disciplinar o guiar las conductas infantiles.

Aquí hay algunas ideas y pasos sencillos que serán de gran ayuda si son consistentes al practicarlos con sus niños:

   Háganse el hábito de controlar sus pensamientos y darse cuenta de lo que están pensando y sintiendo en vez de ponerse en piloto automático – con el ego al volante.  La vigilancia es muy importante porque es tan fácil confundir al ego con el Espíritu Santo.

   Pídanle al Espíritu Santo – el Guía interno – que les ayude a ver las cosas de modo distinto cuando sienten que el buen humor decae, o reconocen que no se sienten feliz.  Esto les permite detenerse y practicar aquello de elegir otra cosa.

   Es importante reconocer que lo que piensan de momento a momento es lo que determina cómo reaccionan a lo que suceda con sus hijos.  No es como si pudiesen estar en una estado amoroso y luego debido a que comienzan a pelearse entre ellos, de alguna forma su pelea cause que se alteren.  Pareciera ser que, cuando comienzan a mirar sus emociones más profundamente, encuentran que la razón de que fuese tan fácil enojarse era porque no estaban en un verdadero estado amoroso o pacífico desde el comienzo.  Que los niños se peleen o no escuchen sólo aviva el enojo, miedo o culpa que ya está escondido ahí debajo de la ilusión de paz que está en la superficie de la consciencia.  Puede ser un duro despertar – lo fue para mí – pero puede ser de gran ayuda para un cambio más rápido. Además puede darles una maravillosa sensación de apreciación de los verdaderos estados de paz y amor que vivirán cada vez que activamente entreguen sus pensamientos basados en el miedo a cambio de las nuevas percepciones de la mente más elevada, vía el Espíritu Santo.

    Cuando surja un incidente que amenaza con perturbar la paz, deténganse en el medio de lo que estén haciendo y sintiendo y calladamente entréguenle el enojo o miedo al Espíritu Santo y/ o inviten la cooperación de todos los niños para que se unan a ti para que ellos también cambien de parecer.  El poder de la unión es enorme.

   Háganse cargo de cualquier reacción que tengan con sus niños y háganles responsable de sus reacciones también.  Nadie puede hacernos enojar si no queremos.  Aun si es la enésima vez que cometen el mismo error, o que no escuchan.  En vez de verlo como un ataque a la paz o un asalto a la autoridad, tómenlo como una oportunidad para practicar la entrega del enojo o miedo – o la forma que tomen esas emociones.  Además consideren que es tan importante como la oportunidad de hacer que sus niños practiquen ahí mismo las aptitudes que les falta (es decir, aptitudes para resolver conflictos, escuchar o comunicarse desde una consciencia más elevada).  Los niños necesitan que se les imponga límites y frenos de modo que no caigan en más errores y que se confundan más en su enojo y culpa.  Ellos necesitan la guía en igual medida – si no mucho más – para aprender a pensar desde su mente más elevada.  Es la única forma en que descubrirán lo amables, respetuosos y comprensivos que pueden ser cuando acceden a esa parte en ellos.

“... el Espíritu santo – el reinterprete de lo que el ego construyó – ve el mundo como un recurso de enseñanza para llevarte a tu hogar... Haz todas las correcciones que tengas que hacer, procura aprender y mantén una actitud receptiva con respecto al aprendizaje”
T-5.III.11:1, 4


   Reconozcan que dependen de Dios.  Por sí mismos no podrán alcanzar un estado de consciencia más elevado.  Esto concuerda con la idea del Curso que uno solo no puede encontrar a Dios porque excluimos a aquello mismo que estamos intentando encontrar.  Dios está en todos y en todo y de esta forma se nos pide que veamos nuestra verdadera Identidad en cada uno.  Usen los términos que sus niños puedan comprender al hablarles de Dios, Espíritu o su naturaleza más elevada.  Ayúdenles a reconocer que la unión es una manera de aproximarse a Dios y a su mente más elevada.  Oren y practiquen juntos tantas veces como puedan.

No es fácil aprender a depender de Dios o de la guía invisible del Espíritu Santo, pero es absolutamente necesario si esperamos ir más allá del enojo y del miedo, que siempre van a ser proyectados mientras alineemos nuestros pensamientos con el ego.  Es útil considerar la posibilidad de que el propio ego y los egos de sus niños ofrezcan resistencia a tomar los pasos que se detallan arriba.  He reconocido un patrón con mi ego y sé que estoy haciendo una transformación muy positiva cuando hay mucha resistencia a algo que estoy tratando de cambiar – sólo debo practicar mucho más.  Se vuelve más fácil cada vez que lo practico.  Mirando ahora todos estos años de trabajo con niños, estoy agradecida por la abundancia de oportunidades de practicar que tuve y de hacer cambios positivos con ellos.

Les deseo mucho éxito y alegría al practicar estos pasos con sus niños.  ¡Gracias por el regalo de consciencia elevada que les están brindando a ellos, a ustedes mismos y a todos nosotros!

 


 

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