Un lector pregunta:
“Podrías compartir tu visión acerca del cuidado de un matrimonio.  Estoy confundida acerca de la “relación especial”. No sé si es algo bueno o malo.”

El cuidado del matrimonio es algo que involucra a las dos personas en la relación a medida que avanzan hacia el ideal y el objetivo de ser socios que se ayudan a acercarse a su más elevada naturaleza y potencial.  Es un acuerdo sagrado de amarse y apoyarse mutuamente, poniendo lo mejor de sí, y usando la relación como un medio para cambiar y sanar las barreras individuales que se le ponen al amor.  El matrimonio ayuda a que uno sea más responsable de lo que piensa y siente, dice y hace.  El nivel de conciencia y voluntad que cada persona aporte es fundamental para el éxito o el fracaso de la relación.  Se trata de aprender a ser menos egocéntrico en formas que jamás se haya visto antes.  Sobre todo, es acerca de tener una visión más amplia – de ver que todas las discusiones o peleas son sólo errores que necesitan corrección – que no son nada comparado al amor profundo y verdadero que descubren cada vez que hacen sus cambios internos y se ven el uno al otro de una manera renovada, libre del pasado.

No sólo lleva paciencia y entendimiento, lleva tiempo y trabajo, y requiere que cada persona sea completamente honesta y tenga la voluntad de abrir ante el otro sus mundos privados.  Requiere comunicación continua, de otro modo comienza la desconexión y el distanciamiento que puede ser muy difícil de deshacer.  Lleva la voluntad de admitir que se está equivocado muchas veces, aunque el ego de uno insista que tienes razón, pero el razonamiento hace caso omiso de él.  Y lleva la voluntad de arriesgar la pérdida de la propia identidad del ego a fin de comenzar a entregarse al Ser más elevado que ambas partes en la relación han estado de acuerdo en descubrir juntos.

 No es fácil alejarse del pensamiento independiente, centrado en uno mismo, con sus intereses y motivaciones separados, pero es la única forma de llegar al siguiente nivel más alto del desarrollo personal, que es el pensamiento interdependiente y el apoyo mutuo.

Hasta que cada uno tenga la voluntad de enfrentarse al hecho que todo enojo es una proyección del propio pasado sin resolver, la relación se deteriorará.

El Curso usa la relación especial como medio para que podamos despertar más rápidamente al reconocimiento de nuestro Ser verdadero y darnos cuenta que Dios está dentro de la mente de uno.  Esto hace que la relación se vuelva santa.  El cuidado que hace falta para darnos cuenta, tantas veces como podamos – lo valiosa que nos resulta la persona que está a nuestro lado – conducirá al devenir del ser espiritual.  Toda esa carga que se remueve durante la relación es aquello que cada persona necesita sanar.  Hasta que cada uno tenga la voluntad de enfrentarse al hecho que todo enojo es una proyección del propio pasado sin resolver, la relación se deteriorará.  Cuidar de un matrimonio es mirar el motivo de nuestras propias reacciones negativas a todo lo que surge en la relación y entregárselo al poder de Dios dentro de nosotros.  También significa que ninguno de los dos debe sacrificarse de ninguna manera ni que le sean negados el amor y bondad y entendimiento que es el derecho de todos.  De modo que no significa que uno se quede en una relación abusiva sólo porque reconoce que la fuente del enojo está en uno.  Si la otra persona no tiene la voluntad de responsabilizarse por su enojo y negatividad, y no trabaja para cambiarlo, la relación o matrimonio no servirá para ninguno de los dos.  Cada uno afecta al otro en formas profundas y tenemos una responsabilidad no sólo por nuestra propia negatividad sino por la influencia que tiene sobre la otra persona.

Las relaciones especiales que se dejan bajo la dirección del ego de cada cual, son aquellas en las que dos personas han buscado lo que el Curso define como
        “un intento... de encontrar refugio en medio
          de la tormenta de la culpabilidad”. 
           T-16.IV.3:

En la relación especial – nacida del deseo oculto de que Dios nos ame con un amor especial – es donde triunfa el odio del ego  Pues la relación especial es la renuncia al Amor de Dios y el intento de asegurar para uno mismo la condición de ser especial que Él nos negó”.
T-16.V.4:1-2

El amor especial está destinado a fallar debido a que está fundado sobre la ilusión de que puedes tomar el amor eterno y dividirlo y hacer que parte sea especial y la otra no especial, y porque su fundamento, en realidad, es una sensación de odio que está escondido en ese amor por la otra persona.  Es un odio hacia uno mismo que albergamos muy profundamente en nosotros: el enorme error que pensamos que cometimos al alejarnos de Dios.  La culpa y odio de uno mismo se hace intolerable de modo que lo proyectamos en la otra persona, creyendo que responsabilizándolo a la otra persona nos deshacemos de ellos.  El amor y atracción superficial que están presentes en la relación se mantiene, al principio, porque pensamos que la otra persona nos ayudará a completarnos, a realizar ciertos sueños y expectativas y rellenar el vacío que la falta de paz y completud nos hace sentir.  La sensación de estar incompleto que sentimos es porque nuestra verdadera naturaleza es no estar separados – es el de estar unidos a todos los demás en la condición de Unicidad – un Ser en quien todos son igualmente parte de todos los demás.

 Cada relación especial aparenta estar fundada en el amor, pero por debajo está el mismo nivel de culpa y miedo que comenzará a surgir en cuanto la otra persona no cumpla con nuestras expectativas.  Nos fallaron, dicen o hacen algo equivocado, y luego la ilusión de amor rápidamente cambia a la ilusión de odio.  Pero esa ilusión de odio es lo que necesitamos mirar y transformar a través de la ayuda del Espíritu Santo.

Una de dos, o estamos proyectando ira o miedo, o estamos extendiendo amor. La primera nos encarcela y la segunda nos libera.

No es fácil usar los desafíos que surgen en una relación especial para el propósito de la sanación, porque el ego de cada persona lucha contra ello.  Nos parece natural que justifiquemos nuestro enojo y creamos que nuestra percepción de las cosas es correcta.  El Curso nos está tratando de enseñar que esa forma de pensar no es natural y que no somos egos, somos seres espirituales – hijos de Dios – cuya función es amar – no atacar ni defender.  Y que dentro de cada uno de nosotros hay una santidad inherente que se puede descubrir al verlo en otra persona, sin importar lo que su ego pueda estar diciendo o haciendo.

Dejado a la dirección del ego, la relación especial está destinada a fallar porque el ego considera que el amor es peligroso y una amenaza para su meta.  Lo que el Curso quiere que lleguemos a saber y experimentar es el amor verdadero que jamás hemos dejado de sentir el uno por el otro, pero del cual nos hemos separado.  El Espíritu Santo está continuamente tratando de despertarnos para que nos demos cuenta de ello.  Ambas personas tienen que poner como objetivo de su relación la sanación de su mente dividida y su sensación de estar separado de Dios.  Significa que se deben ocuparse lo suficientemente de desarrollar una visión más amplia – de liberar a ambas mentes del insensato control de sus egos.

Hay en Estados Unidos un nivel de divorcio de más del 50% porque somos víctimas de los reclamos de nuestros egos que dicen que nuestro enojo está justificado.  Nosotros no tenemos la culpa, el otro la tiene.  Es muy importante que nos demos cuenta de cómo funciona nuestra mente dentro de una relación.  Una de dos, o estamos proyectando ira o miedo, o estamos extendiendo amor.  La primera nos encarcela y la otra nos libera.  La ventaja de mantenernos alineados con los principios del Curso es que nos recuerda que no nos creamos las justificaciones que ponen nuestros egos para poder atacar o defendernos y, en primer lugar, nos da algo con qué cuestionar la autoridad del ego, en vez de seguirlo ciegamente.

Nos ponemos tan a la defensiva, nos justificamos tanto y estamos tan seguros que tenemos derecho a enojarnos.  Aquí es donde el Curso realmente nos hace esforzarnos a los que pensamos alcanzar el ideal de ser personas amorosas, bondadosas y sobre todo, practicantes del perdón.  Lo más fácil del mundo es justificar el enojo y lo más difícil es dejar de hacerlo.  El Curso dice que la ira nunca está justificada; toma la posición que la ira es siempre demente y que es estrictamente una respuesta de ego basada en el miedo y en la proyección de culpa.

Cuando el enojo surge y se proyecta la culpa, no podemos deshacer el error nosotros mismos.  Aquí es donde ambas personas en la relación tienen que reconocer sus limitaciones y reconocer que por sí solos, no tendrán éxito en llegar a una resolución duradera ni a la sanación.  El profundo dolor y frustración que provienen de los conflictos que surgen en el matrimonio pueden servir como motivación perfecta para volverse para adentro y acceder a la ayuda de nuestro Maestro interno.  El Espíritu Santo es la fuerza invisible y la cordura dentro de nuestra mente, El que entiende nuestra necesidad de sanación y que puede tomar nuestras percepciones equivocadas, nuestro enojo y culpa y transformarlos en percepciones de nosotros mismos y de nuestra pareja que son sensatas y están sanadas.  La relación especial entonces se convierte gradualmente en una relación santa en que cada persona aprende a liberar al pasado y unirse en el amor y el respeto mutuo.

La razón, en cambio, ve una relación santa como lo que realmente es: un estado mental común, donde ambos gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo. (T-22.III.9:7).

 

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