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Cuando cerramos los ojos y meditamos, inmediatamente somos confrontados con los pensamientos de nuestra mente con respecto al ego. Esos pensamientos se declaran importantes y piden nuestra atención. Una procesión de deseos y temores aparece en nuestra conciencia y hay una fuerte atracción para identificarnos con ellos. Es fácil convertirse en esos deseos y temores y hallarnos perdidos en ellos. Estos pensamientos parecen importantes, el contenido de nuestra conciencia - lo que en realidad constituye nuestra vida. ¿Qué dice el Curso con respecto a estos pensamientos que parece que tanto adoramos?
Estos pensamientos no significan nada... Ninguno de ellos (pensamientos “buenos” y “malos”) representa tus pensamientos verdaderos, que están cubiertos por aquellos (los pensamientos del momento). Los “buenos” son sombras de lo que yace detrás de ellos, y las sombras hacen que la visión sea difícil. Los “malos” pensamientos son obstrucciones delante de nuestra vista y hacen que el poder ver sea imposible. No los necesitas a ninguno (de estos pensamientos). Lección 4.
Es fácil olvidar que la mente del ego es meramente otro órgano sensorial que tiene a sus pensamientos como su objeto y que se identifica con su contenido. Cuando sentimos el perfume, olemos una rosa, no decimos que somos ese perfume (olor). El sonido del canto de un pájaro no nos hace creer que somos un pájaro. Pero sí creemos los pensamientos sobre nosotros mismos. Decimos “yo soy un cuerpo”, “yo soy viejo”, “yo estoy vivo”, “yo soy padre” y apenas nos detenemos para cuestionar estos pensamientos de “yo soy”. El Curso nos hace recordar que los pensamientos que creemos que tenemos no son reales y oscurecen los pensamientos reales que pensamos con Dios. Nuestros pensamientos verdaderos están alojados en nuestra mente recta, la mente del Espíritu Santo. Estos son los pensamientos del amor, de la paz, de la alegría, etc. Los pensamientos del ego están basados en el concepto de un “yo” aparte que piensa tanto buenos como malos pensamientos. Sin embargo, el Curso nos dice que tanto los pensamientos buenos como los malos oscurecen nuestra visión espiritual. Estos incesantes pensamientos de la mente del ego constituyen una barrera muy efectiva para la percepción del Espíritu Santo en nuestra mente recta que requiere que estemos quietos para oirlo.
No somos lo que creemos que somos. Nuestra constante creencia que somos un “yo” separado con todos sus atributos especiales es la fuente de todo nuestro dolor. Para escaparnos de este dolor perseguimos el placer que sólo nos conduce hacia más dolor. Hasta que no empecemos a cuestionar e investigar quiénes somos realmente estaremos atrapados en el círculo vicioso de evitar el dolor y de perseguir el placer. Los pensamientos del ego que dicen “Yo soy esto o aquello” nos mantienen fijos en nuestro falso sentido de la individualidad. Todo nuestro pensar está basado en el pasado (ver Lección 7 del Libro de Ejercicios) y nuestro sentido de ego depende de eso nada más. Somos literalmente una colección de recuerdos, hábitos, moldes y acondicionamientos. Sin la ilusión del tiempo nuestras personalidades se disolverían. La memoria mantiene viva la ilusión de identidad personal. Mientras nuestra mente está preocupada con el pasado o su proyección hacia el futuro, el Curso nos dice que nuestra mente ¡está realmente en blanco!
Mi mente está preocupada con pensamientos del pasado... El único pensamiento enteramente verdadero que uno puede tener acerca del pasado es que no está aquí. Pensar acerca del pasado es por lo tanto pensar acerca de ilusiones. Muy pocas personas se han dado cuenta de lo que en realidad está involucrado al recordar el pasado o al anticipar el futuro. La mente está en verdad en blanco cuando hace esto, porque en realidad no está pensando en nada. Lección 8.
En realidad, nada está ocurriendo.
Nada está ocurriendo en realidad aunque no nos lo parezca. La mente del ego ha creado el pensamiento del “yo” pero es meramente otro pensamiento entre la colección de objetos de la mente. En el Cielo no hay “yos”. Nuestro concepto de nosotros mismos no puede existir ‘allí’ y esto es lo que nos asusta. El fin último del Curso es mostrarnos que no somos cuerpos, padres, hijos, maestros, estudiantes, etc. pero sí el pensamiento de Dios sin forma, ilimitado, eterno, perfecto. Al preferir "tener razón a ser feliz”, nos aferramos al concepto de un ‘yo mismo’ separado, o ‘yo’, que se identifica con el cuerpo como si éste fuera su hogar. En muchas partes del Libro de Ejercicios se nos alienta a tratar de ir más allá de estos pensamientos de “yo soy esto o aquello” del ego que oscurecen o disfrazan la realidad, hasta llegar a los pensamientos que pensamos con Dios. Alcanzar estos pensamientos es abrirse a un mundo nuevo, completamente distinto a aquél con el cual estamos acostumbrados. Descubriremos allí amor y sabiduría que nos guiarán en nuestro viaje al mundo verdadero. Cuando se alcanza esto nuestra única identificación será “yo soy el Hijo Santo de Dios Mismo” (Lección 191) pues cualquier otra identificación ahora no tendrá sentido.