¿Alguna vez sentiste que perdías tu chispa, que habías perdido la sensación de estar en tu centro? ¿Alguna vez te sentiste irritado y abrumado, cuando todo es una lucha?

Estar atrapado por el miedo no es divertido. La respuesta del ego al temor es el pánico y hacer planes, que termina profundizando el temor. He notado cuán automáticamente el ego “viene al rescate”, nos arma estrategias, encuentra al culpable, reconstruye sus defensas y se encuentra así ocupado en  frenéticas actividades.

Con sumo agradecimiento, sé que hay un camino mejor (bueno, ¡al menos la mayoría de las veces!) La Voz de la Paz en mí se ha hecho mucho más fuerte con el correr de los años al igual que he desarrollado una mayor voluntad de preguntar y escuchar. Esto me ofrece el amoroso recordatorio de que todo lo que necesito hacer es entregarle mi mente a Dios tan rápido como sea posible.

Cada vez que me detengo y me dirijo hacia el Amor de Dios – para re-encausarme – permitiéndole a mi mente alinearse de acuerdo a la Verdad de quien soy y lo que Es, la gracia y el perdón curan aquello que necesita ser curado. La claridad emerge como aquello que yo necesito hacer –si lo hubiera- en el nivel exterior. El efecto sinérgico (cooperación) y el sincronismo vuelven a emerger, conjuntamente con un sentido de comodidad y fluidez.

En contraste directo con las estrategias de mi ego, la solución del Espíritu Santo es siempre aquella que se hace sin esfuerzo y que no requiere nada de mí, salvo mi sincera voluntad de que la paz ocupe el sitio de mi experiencia actual.

Gracias a Dios, existe otra forma, y siempre tenemos una opción. En la práctica, esa opción es entrar en pánico u orar.

 

La oración es simple. Es el puente a la paz. Esencialmente, la oración es el medio a través del cual le regresamos nuestras mentes al cuidado del Espíritu Santo. Cuando le regresamos nuestras mentes, los milagros prevalecen.

Un milagro deshace nuestro apego a la separación, al temor, a la culpa y a la escasez; a través de nuestra voluntad y por la gracia del Espíritu Santo.

Un milagro puede, literalmente, borrar todo el daño y regresarnos a casa en la conciencia de nuestra Unicidad en la Realidad, donde estamos eternamente en paz.

De esta manera, la verdadera oración es la forma en que nosotros cooperamos conscientemente con la voluntad de Dios para nosotros que es verdadera felicidad y paz.

Y esto es en esencia todo lo que en Un Curso de Milagros Jesús nos pide que hagamos – que renunciemos a escuchar la voz autónoma del ego y escuchemos la de Él.

Lejos de ser la “opción delicada”, cuando llega a ser la realización de los efectos de un cambio verdadero en nuestra experiencia, la oración funciona allí donde el esfuerzo fracasa.

 A diferencia de las soluciones de mi ego, las del Espíritu Santo son naturales y sin esfuerzo

 Jesús nos facilita varias sugerencias prácticas a través del Curso acerca de cómo orar y recibir un milagro. La siguiente es una de mis favoritas, porque también define los mecanismos de los milagros. Se nos pide que aportemos toda la sinceridad y honestidad que podamos en nuestra oración. La oración es como una fiesta, donde la ropa que tenes que usar sos vos; así pues tomemos cualesquiera sean los sentimientos, pensamientos o experiencias por las que estemos pasando, y pongámoslos en esta oración:

 Debo haber decidido equivocadamente porque no estoy en paz(T-5. VII.7)

El primer paso para un cambio es reconocer claramente que el problema es una creencia en la separación, que produce así sentimientos de culpa, temor y escasez; los cuales a su vez proyectamos en todos y en todo. Cuando sea que estemos experimentando culpa, temor o escasez, no se nos está pidiendo que arreglemos nada, sino que revisemos nuestras elecciones.

 

Yo mismo tomé esa decisión, por lo tanto, puedo tomar otra”

Se nos pide que nos hagamos totalmente responsables por la experiencia en la que nos encontramos, que somos dueños y autores de nuestra propia historia, y como tales, tenemos el poder de disfrutar una experiencia diferente si queremos. El ego interpreta esto como culpabilidad pero en realidad hacernos totalmente responsables es en realidad motivo de gran alegría, porque significa que hemos recuperado nuestro poder y no somos más víctimas de nada.

 “Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz”

Esta parte de la oración nos pone frente a frente con lo que en realidad queremos, pidiéndonos que clarifiquemos nuestra intención y que nos demos cuenta que no podemos tener paz y estar todavía aferrados a nuestra vieja percepción. Se nos pide que elijamos la paz en lugar de tener razón, o de tener el control, o de ser superiores, o de tener alta la moral, o cualquier cosa. ¡Elijamos la Paz!

“No me siento culpable, porque el Espíritu Santo, si se lo permito, anulará todas las consecuencias de mi decisión equivocada”

Aquí se nos pide que neguemos la realidad de nuestra culpa y que comprendamos la inocencia colectiva, para permitir que el regalo del Espíritu Santo deshaga las consecuencias, que limpie el pizarrón por nosotros. Este es el regalo de Dios para nosotros, si deseamos recibirlo. No nos olvidemos que “... el Espíritu Santo responderá totalmente a tu más ligera invitación”.

“Elijo permitírselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí”

 Finalmente, estamos diciendo “sí” al ofrecimiento del Espíritu Santo de un nuevo comienzo sin ningún esfuerzo. Ni siquiera se nos pide que decidamos enérgicamente por Dios, sino simplemente dejar que el Espíritu Santo realice su función de conducirnos hacia nuestro estado natural – nuestro hogar en Dios. Al aceptar esta ayuda, nos beneficiamos y recibimos la Gracia al ser guiados de nuevo a la paz.

Sólo el pensamiento de esta plegaria me inunda con inmensa gratitud por el nivel de compasión, cuidado y ayuda que se nos ofrece en todo momento.

Está concebido, al igual que todas las prácticas que el Curso nos entrega, para que sea aplicada cualquiera sea el problema o situación en la que nos encontremos. Para el Espíritu Santo, los específicos son irrelevantes, porque la causa es la misma; cada experiencia que no nos colme de paz es un reflejo de nuestra creencia en la separación, con la consecuente culpa, temor que le sigue.

 

Una vez que hemos regresado a la paz, ¡el próximo paso es quedarnos ahí!

Para poder hacerlo, debemos aferrarnos a esa elección como la única cosa que queremos.

Mientras estemos en un cuerpo, con un ego, vamos a ir alternando de atrás para adelante entre la unicidad y la separación, hasta que al final estemos listos para dejar ir ese ser autónomo completamente.

Observando mi resistencia para completar mi entrega total, he encontrado que la práctica de perdonarme a mí mismo por querer aferrarme al ego ha sido extremadamente útil, para luego recordarme a mí mismo “descansar en Dios” tan a menudo como pueda recordarlo a lo largo del día.

Cada vez que me aferro a este pensamiento, siento la fortaleza de mi verdadero Ser levantarse y también siento como los temibles pensamientos del ego desaparecen.

Cuando nuestra resistencia sea fuerte, no nos peleemos con nosotros mismos por querer aferrarnos, sino que perdonémonos y pidamos ayuda para tener esa voluntad para permitirle a un milagro que ocupe su lugar.

“Oremos ahora, actuemos luego” es la única respuesta sana para cada problema, conflicto o dolor.

Es el delicado camino de regreso al Amor.

La prosperidad no quiere decir lucha.


 



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