


Las relaciones especiales son los intentos del ego de
convertir nuestra sensación de estar separados, culpables,
carentes y equivocados en realidad. Las relaciones santas
sirven para reafirmar nuestra relación con nuestro Creador y
con nuestro Ser - hasta que el saber se complete y ya no se
necesite la reafirmación. El Espíritu Santo querría que todas
las personas en nuestras vidas nos llevaran a las puertas del
Cielo, mediante su ayuda para que dejemos la ilusión de que
estamos separados, carentes y culpables, y por lo tanto
merecedores de castigo y dolor. Su plan es que aceptemos la
verdad acerca de nosotros mismos - como lo que somos: la
Presencia ilimitada del Amor, inocentes, íntegros.
A raíz de que no podemos evitar involucrarnos de una u otra
manera con mucha gente durante el día - en el colectivo; en
los negocios; en casa con nuestro cónyuge, parejas o hijos; la
gente con quienes trabajamos; y con los amigos - es que somos
salvadores unos de otros. Un Curso de Milagros nos enseña que
"Nadie se cura solo" y que "Al arca de la paz se entra de dos
en dos".
Ninguna persona ha llegado a nuestra vida por accidente. Cada
uno llega para ser nuestro "gurú" como parte del plan del
Espíritu Santo para liberarnos totalmente de nuestra locura.
Las personas que son nuestros más grandes gurúes son
generalmente aquellos que parecen tener un doctorado en
hacernos sentir carentes e inadecuados. Pero ellos pueden ser
usados por el Espíritu Santo de modo que podamos ver a través
de nuestras ilusiones, sonreír y vernos a nosotros mismos de
una manera diferente. Al Espíritu Santo le gustaría usar todas
nuestras relaciones para enseñarnos a través del perdón que no
importa los errores que hayamos cometido, nadie es malo, y
todos somos merecedores de completo amor y aceptación, por Lo
Que Somos.

La clave para saber si las relaciones te liberarán o te
hundirán más en la esclavitud es mirar honestamente qué
intención has puesto en ellos. Toda relación es un espejo que
agranda, que devuelve tus elecciones inconscientes para que
las veas claramente y puedas elegir de nuevo.
Cuando sientas dolor, o sentimientos de ser víctima en
cualquier nivel de tus relaciones, entonces puedes estar
seguro que la relación está en manos del ego - y que sirve
para mostrarte tu propia creencia de estar separado, poco
merecedor, culpable y no amoroso. En estos momentos, dos egos
bailan juntos, confirmando su creencia en la separación y la
carencia y tratando de culpar a otro de tales sentimientos en
un intento mal aconsejado de liberarse de la culpa. Terminan
tratando de manipular, controlar y defenderse contra el otro.
Todos sabemos lo doloroso que es esto porque todos hemos
bailado esta pieza en el escenario resbaloso del ego.
Si nos detenemos por un instante y escuchamos al Espíritu
Santo en esos momentos, Él nos guiará para tomar distancia de
la pista de baile, de la proyección, de la necesidad de ser
una víctima o un victimario - personajes que insisten que lo
aparente es verdad. Toda acción poco amorosa viene de la misma
fundamental percepción errónea de la separación. El Espíritu
Santo querría que corrigiéramos nuestra premisa original y que
nos añineáramos con la verdad de que somos: Un Ser, unido con
nuestro Creador, completo, inocente e íntegro. Desde esta
premisa corregida, tenemos el poder de cambiar el propósito de
nuestras relaciones, reafirmar nuestra integridad y
fortalecer nuestra Verdad. No importa si la "otra" persona
decide verse diferente o no, una vez que te sales del ego la
danza tiene que cambiar. Cuando sinceramente cambiamos de
parecer, el mundo y todo en él cambia para hacer lugar al
milagro.

Recientemente viví la simpleza y el poder de la verdad al
mirar más de cerca unas relaciones difíciles que me habían
causado gran estrés en mi vida. A medida que sacaba las capas
de lo que se había dicho y hecho, miré debajo de mi dolor y me
pregunté "qué enseñanza estará trayéndome esto para ayudarme a
ver a quien creo que soy". La respuesta era muy clara. Vi que
cada vez que alguien aparentemente fuera de mí decía o hacía
algo que yo experimentaba como doloroso, yo me enchufaba en mi
propio concepto del ego que "Soy carente, no soy lo
suficientemente bueno, soy culpable, un fracaso".
Aunque fue incómodo mirarlo, una vez que vi claramente que el
ego había usado la situación para fortalecer su auto concepto,
comencé a sentir verdadero poder, fortaleza y un saber que
podía soltarme de la necesidad de defenderme contra mis
propias pesadillas. Desde ese lugar, mi resentimiento para
aquellos que pensé que me habían lastimado comenzó a
derretirse y convertirse en gratitud. Sin estos gurúes para
llevar a cabo un diálogo inconsciente con claridad
tridimensional no hubiera logrado verlo ni me hubiera abierto
al milagro. Ahora noto que cuanto más recuerdo mirar dentro,
recordarme a mí mismo mi integridad, y dejo que el propósito
de mis relaciones sean recordatorios de mi inocencia y lo
Crístico que soy, más puedo interactuar con otros con
liviandad y alegría.
Les invito a re-dedicar sus relaciones - especialmente
aquellos que más logren hacerlos sentirse pequeños, poco
valiosos, culpables o no merecedores - para que ellos ya no
fortalezcan sus miedos. Vuélvanse para adentro y sientan cómo
el Amor del Espíritu Santo les sostiene mientras se preguntan
honestamente:
"¿Qué estoy afirmando mediante mi relación con ............?"
"¿Qué me enseña esta relación acerca de mí mismo?"
De ahora en adelante sean completamente reacios a usar a sus
hermanos para validar la ilusión. Respiren profundamente y
pidan:
"Espíritu Santo, ayúdame a saber que soy íntegro y entero y
que no me falta nada. Ayúdame a ver la inocencia de
............ de modo que pueda conocer la mía, que de Tu mano
podamos caminar juntos de regreso a la Verdad de Quien Somos.
Gracias. Amen."
Cuando tu sentida intención es saber que eres entero, no hay
nadie que pueda evitar convertirse en tu salvador.
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