La jornada de regreso a Dios ha estado llena de sorpresas para mí.  Yo supongo que es porque hace falta revertir totalmente el razonamiento del mundo, que tanto me llevó aprender.  Mi hijo James, que llegó al mundo hace nueve años, me ha inspirado uno de los cambios de percepción más radicales que he tenido.  Al ser instructor en espiritualidad durante más de 20 años, asumí con entusiasmo el papel de educador de mi hijo.  No pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta que hacía falta que cambiara de parecer acerca de quién era el maestro y quién el alumno.

Era fácil para mí suponer que debido a que el cuerpo de James era pequeño, que su mente estaría igualmente subdesarrollada.  ¡Craso error!  Aprendí bien pronto por nuestras conversaciones después de que cumpliera los cuatro años, que eso no era verdad.  Me di cuenta que la misma mente e inteligencia que operaba en mi conciencia también estaba operando en la de James y que además él parecía tener un acceso más claro a esa inteligencia.

 

Yo pensé que mi papel era enseñarle principios espirituales a James pero de hecho, sucedió lo opuesto.  Yo practiqué haciéndole preguntas y él me pudo dar respuestas más claras y simples de los que yo hubiera podido enseñarle.  Él estaba aprendiendo de lo que su propio maestro interior le estaba diciendo y si yo escuchaba, podría aprender de él.

Una de las prácticas que James y yo comenzamos a compartir fue mirar el significado de las palabras en las cartas de ángeles.  Cuando James primero comenzó a trabajar con las cartas, él no podía leer ninguna de las palabras.  Por lo tanto yo presumí que no podría saber su significado.  De hecho pronto aprendí que, al escuchar su voz interior, James podía dar una definición espiritual clara y precisa de cualquier palabra que eligiéramos.

En una ocasión, cuando habíamos discutido la palabra ‘Transformación’ James entendió que una buena metáfora para transformación sería la de una oruga que se convierte en mariposa.  Al poco tiempo eligió la carta ‘Inspiración’ así que le pedí una definición.  Su respuesta me dejó atónito por su simpleza: “Inspiración es lo que hace que la oruga quiera convertirse en mariposa.”

Para mí, esos momentos compartidos con James fueron de los más ricos que hemos tenido.  Me han provisto con un cambio de pensamiento que me hacía mucha falta.  Me ha demostrado que el Espíritu Santo está en todas las mentes, como maestro.  El papel de educador es de motivar esa enseñanza interna. No hace falta que yo alimente a James con la Verdad sino que simplemente le haga las preguntas correctas para que la verdad se extienda desde su interior.

Ahora entiendo lo que dice el Manual para el Maestro en Un Curso de Milagros®: 

“enseñar es aprender,... por consiguiente, no existe ninguna diferencia entre el maestro y el alumno”
M-In.1:5

 

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