Cuando surge el enojo y se proyecta la culpa, no podemos deshacer el error por nosotros mismos... el Espíritu Santo es la fortaleza invisible y la cordura en nuestra mente.

Lector: “¿Qué me dices de esas situaciones en un matrimonio en que pareciera que el enojo es sólo un reflejo?  Por ejemplo, dijo que iba a lavar los platos.  No lavó los platos.  Eso fue hace tres días y los platos ya se pusieron verdes.”

Superficialmente nada tendrá sentido.  Va a ser bastante difícil entender porqué el enojo no está justificado si primero no se entiende la dinámica sicológica de tu mente cuando reaccionas contra algo.  He aquí una verdad que dice el Curso que jamás dejó de ser cierta – sin importar cuántas veces en tantos años hayas creído lo contrario: Nunca estás mal por la razón que piensas.  Aun cuando te enojes por los platos – la razón por la que te enojas no son los platos.  Reaccionas a la situación con los platos porque está dejando al descubierto un enojo más profundo – que no reconoces concientemente que tiene origen en ti.  Crees firmemente que se trata de la presente situación, pero en realidad estás reaccionando contra el pasado.  Hay una parte de ti que se va a resistir por completo a esta idea porque a esa parte le interesa ubicar el origen del enojo en algo afuera.  En la superficie no hay ninguna ‘evidencia’ para sugerirle otra cosa a tu ego.  Es por ello que Un Curso de Milagros trata de enseñarnos repetidamente cómo dejar de vivir en el nivel de la superficie de la conciencia -como dictan las percepciones extremadamente limitadas del ego- para adoptar en su lugar las percepciones más elevadas y liberadoras de nuestra propia mente más elevada como sugiere el Espíritu Santo.


Entonces, tomas cualquier situación que te hace enojar – sea menor, mayor o algo intermedio – y siempre reflejará el funcionamiento de la misma dinámica básica del ego: negación y proyección. Te sientes enojada  y crees que el motivo son los platos, entonces proyectas ese enojo sobre tu marido en un intento de hacerlo sentir culpable.  ¿Por qué?  Para tratar de deshacerte de la sensación de culpa que sientes, de la que no quieres hacerte responsable.  Por supuesto que no eres consciente de lo que está pasando.  Pero todos hacemos lo mismo.  Es la forma en que nuestros egos funcionan hasta que nos dediquemos conscientemente a romper el habito y volver a lo que fue nuestra naturaleza ‘primera’ u original, que es recibir y extender amor.  Por lo tanto se requiere la voluntad de mirar para adentro.  Esto es algo que normalmente no tenemos, ni de la que se hable ni se practique en las relaciones.  Y es por eso que tanta gente dice que tiene problemas con el Curso.  Un año de hacer las lecciones del Libro de Ejercicios es sólo el comienzo del entrenamiento de la mente para que se acostumbre a pensar con un sistema de pensamiento completamente opuesto.   Es lógico que al principio reaccionemos de la manera anterior y que pensemos, “Por supuesto que me voy a enojar.  Le pedí cinco veces que lavara los platos y miren – es el tercer día y todavía están ahí.  ¿Y por qué tengo que lavarlos yo?”  ¡Cualquiera se enojaría!

Desde la perspectiva de nuestro ego, sí, está justificado que nos enojemos.  ¿Por qué hemos de ser víctimas?  ¿Por qué habríamos de soportar lo injusto – aunque sea nimio?  El Curso dice que el sacrificio y la victimización son igualmente dementes, de modo que no nos sugiere que aceptemos lo que es injusto.  Dice que en última instancia, la pérdida de la paz debido a los platos no lavados no tiene nada que ver con la otra persona.  El Curso quiere que reconozcamos que nos victimizamos nosotros mismos al dejar que nuestros egos dirijan nuestro pensamiento.  Que hay otra manera de ver la situación y que ésta manera ofrece paz en vez de enojo o desilusión.  Pero llegar a esa percepción más elevada significa que vamos a tener que soltar las percepciones equivocadas que están impidiéndolo.  ¿Cómo sabemos cuáles son?

La regla general para retroceder en busca de la razón para reaccionar de esta forma es volver a los principios o leyes principales de la mente:

1. Nunca estamos disgustados por la razón que creemos.  Sólo vemos el pasado.

2. El enojo es siempre la proyección de nuestra propia culpa y un intento de deshacernos de él haciendo que otra persona se sienta culpable.

Entonces en el caso de los platos, se empieza buscando la verdadera razón del enojo: ¿cuáles son los sentimientos detrás del enojo superficial?  ¿O qué cosa te molesta de la otra persona?  ¿Por qué lo estás juzgando?  ¿Por ser irresponsable?  ¿Injusto?  ¿Egoísta?  ¿Haragán?  ¿Irrespetuoso?

Que lave los platos es un símbolo de lo que valoras, y representa muchas cosas para ti que tal vez no sean las mismas que representan para tu pareja.  El que no lave los platos te espeja otra cosa por la cual sientes culpa, otra cosa que te molesta.  Siempre hay algo más profundo en el origen de sentimientos que nos alteran y eso que está más profundo está pidiendo a gritos un cambio – una sanación.  Y tu pareja te está ofreciendo los medios para que te pongas en contacto con esto para que se resuelva, cambie y se vea de una manera provechosa para ti.  Los sentimientos alterados que pueda tener tu pareja en la situación tampoco tienen que ver con los platos.  También es algo que pide a gritos un cambio y una sanación en él también.

Entonces no terminas lavando los platos mientras tu pareja se sale con la suya.  Lo enfocas todo de otra forma.  Rechazas la insistencia de tu ego de que tienes razón y que él está equivocado y lo usas en tu favor.  Ves que hay una excelente oportunidad para curar el enojo y la culpa que quedó al descubierto, que te ofrece la liberación.  Para que puedas quitarte una capa más de ego, una resistencia más a la verdad, que de eso sólo se trata realmente.  Das un paso al costado frente a la trampa que les tendió el ego a ambos (se nutre del enojo proyectado y quiere acercar más separación en tu relación) adoptando la postura mental de que tienes algo mucho más importante que aprender y lograr en esta situación.  Preferirías ver la situación desde la perspectiva del Espíritu Santo.  Y si realmente lo deseas, lo lograrás.  Y te asombrarás de lo fácil que fue lograrlo y de lo curativo y milagroso que es.

De esto se tratan todos las pequeñas discusiones, desencuentros y riñas en un matrimonio – son peldaños en el camino de lograr nuestro más alto potencial – de experimentar pequeños milagros en el camino que parecen enormes cuando suceden – porque lo son.  Bajo la guía del Espíritu Santo comenzamos en el mismo lugar en que comienza el ego, pero nos movemos en una nueva dirección que nos lleva a través del problema y hacia la experiencia de una paz más profunda y la belleza de nuestra propia alma y el amor incondicional por nuestra pareja.   Los problemas matrimoniales son ofrendas de paz disfrazadas – disparadores que tienen el potencial de elevarnos más alto de lo que hemos llegado antes.  Y nos recuerdan que cada vez que aprendemos a perdonarnos y a perdonar a nuestra pareja, toda esta recién lograda paz y felicidad no hubiera sido posible sin la presencia de nuestra pareja, nuestro salvador disfrazado.

Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer.  Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador.  Esto es lo que se ofrece en tu relación santa.  Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido.  La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano.  La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis (T18.I.13).

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