El Curso tiene una cita importante donde Jesús destaca que el sistema del ego puede ser a prueba de tontos, pero no es a prueba de Dios. Uno de los modos básicos en que opera el ego al fabricar su propia “realidad” sustituta a fin de reemplazar y reprimir la Memoria del Cielo, es la inversión de las relaciones entre forma y contenido, o causa y efecto. En la historia de los cambios de percepción (piensen en “La Estructura de las Revoluciones Científicas” de Thomas Khun) vemos continuamente con qué ferocidad el ego se defiende contra todo lo que desafía sus percepciones, y sus “verdades”. Sin embargo a fin de que nunca se lo derrote, el ego siempre se asegura que su propia relevancia continúe mediante la asimilación de los nuevos modelos una vez que se vuelven inevitables en la opinión popular. Seguimos engañándonos que esta vez realmente encontramos la verdad, lo cual demuestra que es una manifestación evidente del hecho que ninguna de estas verdades son realmente verdad sino solo otra justificación del punto de vista del ego, que necesita ser modificado para apoyar la realidad del ego a fin de ser aceptado por la ortodoxia.
Así, el mismo proceso de canonizar varias verdades más nuevas que vienen a reemplazar las viejas verdades en el curso del tiempo, implica su reformulación en términos que no solo no amenacen ni cuestionen al ego, sino que refuerce apropiadamente su control del poder. En otras palabras, las revoluciones nunca cambian nada salvo las apariencias, los cuales nos pueden engañar por un rato más.
A la luz de lo anterior deberíamos volver atrás y reexaminar los eventos del tiempo de Jesús en Palestina, y las historia registrada. Las divisiones fundamentales que surgieron casi inmediatamente eran acerca de la cuestión si su enseñanza era para judíos o gentiles, y la única respuesta correcta naturalmente es que era para ambos o para ninguno, pues él claramente trascendió esas categorías al enseñar acerca de un Reino que NO era de este mundo. Fue Pablo y otros que le siguieron, y Pablo en particular, que tuvo una influencia dominante en la literatura del Nuevo Testamento, ya que él escribió aun antes de que se registraran los Evangelios canónicos, y desarrolló una teología que puso en el centro a la crucifixión, y a las enseñanzas relacionadas con la eucaristía, y a la resurrección (del cuerpo) como un evento futuro.
En otras palabras, la manera de restarle poder a Jesús y sus enseñanzas era darle énfasis a su cuerpo, y a la crucifixión, que fueron eventos odiosos en y por sí, y restarle importancia a sus enseñanzas de amor, que de alguna manera terminaron retorcidas en ese proceso. La resurrección se volvió a explicar como un evento del cuerpo, no de la mente. En el proceso, la mitología emergente propuso a Pedro como el fundador de la iglesia católica, y él reinterpreta el dicho de Jesús que debía ser la roca sobre la cual su “iglesia” se erigiría, dándole el significado de la construcción de edificios y congregaciones en el mundo físico. De este modo las enseñanzas muy universales de Jesús se tornan en enseñanzas específicas acerca de tiempo y lugar, para algunas personas pero no para otras, y así nace otra religión mundial.
Mientras tanto, en la ausencia del maestro, al interpretar que solo su vida corporal, terrena es real, y no su mensaje, la tradición apostólica es ahora el vehículo de sucesión para maestros sustitutos, los papas. Y el enfoque ahora se cambia desde las enseñanzas de Jesús y el contenido de su mensaje a las personas que dicen ser sus representantes autorizados, y que se legitimizan a fuerza de la interpretación de sus enseñanzas. Y de este modo llega un proceso muy mundano de la forma para tomar el lugar del llamamiento original de Jesús a sus apóstoles de “dejar” el mundo y seguirlo. Esto no debe tomarse literalmente. Como el Curso señala frecuentemente se trata de cuánta inversión tenemos en las cosas del mundo, no se trata de si los hacemos o no los hacemos. El cambio que representa el milagro es el nacimiento de una solución del espíritu en el presente, de que la paz tome el lugar de una expectativa futura de salvación, cosa que el mundo siempre ofrece, y que por definición es siempre ilusoria, ya que es infantil pensar que la causa de la ausencia de paz en el presente está en el pasado y que por lo tanto esas causas están por definición, exentas de cualquier esperanza de cambio. Así es que la última sección del último Capítulo del Curso lleva por título “Elige de Nuevo,” pues ésta es la enseñanza más crucial del Curso, que si elegimos para el presente, podemos optar por otra cosa, en lugar de continuar representando nuestro papel de víctima de nuestro pasado.
Entonces, el milagro es elegir a favor de Dios, y dejar de lado la elección pueril del ego, que hace rato que ya deberíamos haber cambiado.
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