He llegado a creer que la magnitud de dicha que siento en un momento dado es más o menos equivalente a cuánto permiso me doy para sentirlo.  Suena bastante simple, pero para muchos de nosotros, luego de una vida de no darnos permiso, tal vez notemos alguna resistencia sutil al incremento de nuestra asignación de dicha.

Este año de diversa manera he estado prestando más atención al sobre para la asignación de diversión.  En los últimos meses comencé a tocar jazz para guitarra, tomo clases de tenis, y de comedia improvisada.  Lo que tienen de común todas estas actividades es que me divierto como loco.  No los estoy haciendo por una recompensa futura, ni por motivos de ganancia, ni para conseguir galardones para estimular mi estima: lo hago por la diversión.  A veces me preocupo que me divierto demasiado.  A veces últimamente, cuando la gente me pregunta cómo me va, escucho mi respuesta, “¡Me estoy divirtiendo tanto que me busca la Policía de la Diversión!”

No sé de dónde saqué la idea de una Policía de la Diversión, pero parece que le tengo afecto.  Salió de mi boca, así que supongo que deben existir, aunque sólo sea en mi psique.  Una mañana entré en meditación y pedí hablar con el Jefe de la Policía de la Diversión, y, efectivamente, me conecté con su secretario, que concertó una entrevista.  Preocupado de no poder mantener la objetividad que se necesitaba para el diálogo, lo llamé a Phil Donahue, que recientemente reapareció de su retiro para conducir un programa de entrevistas.  Phil gentilmente estuvo de acuerdo en llevar a cabo una entrevista personal, y aquí está:

Phil: Muchas gracias por tomarse el tiempo de hablar conmigo.

Jefe Policía Diversión: No es problema, tengo cinco minutos y luego vuelvo a mi tarea.

Phil: ¿Qué es eso exactamente - su tarea?

Jefe: Estoy a la búsqueda de Scott cuando se divierte demasiado, con espontaneidad, alegría, risa, dicha... ya sabes, ese tipo de cosa.

Phil: ¿Hay algún peligro?  ¿Se puede exagerar?

Chief: Bueno, si Scott se divierte demasiado, deja de pensar en todas las cosas que están mal con él y su vida.  Podría llegar a ser muy haragán en eso de tratar de mejorarse, que en mi opinión, ya sucedió – ¡muy haragán, quiero decir, no que ya mejoró!  ¡La diversión es del todo irresponsable, si no se equilibra con una generosa porción de algo desagradable!

Y, si no está sufriendo y luchando, aunque sea un poco todos los días, cómo podría merecer cualquier dicha que le pudiese llegar?  Nosotros en la Policía de la Diversión tenemos que estar seguros que haya un límite para los buenos sentimientos y buen pasar de Scott.  Es un servicio público que nos enorgullece.

Phil: ¿Cómo logran que deje de divertirse?  Parece que verdaderamente le gusta.

Jefe: Bueno, solía ser muy fácil.  Un poco de culpa, bien aplicada, siempre dio buenos resultados.  Susurrarle la palabra que empieza con ‘e’ (como en “¡Scott, estás siendo Egoísta!”) solía paralizarlo en seguida.

Lo que me está resultando difícil últimamente es que está considerando unas nociones peligrosas que si los lleva totalmente a cabo, no podríamos controlarlo más.  Él estaría por ahí divirtiéndose mientras que nosotros nos ocupamos de los despidos por falta de trabajo.

Phil: Ah, ya veo.  Brevemente dígame en qué consisten estas nuevas ideas.

Jefe: Si le digo, tiene que prometerme que no las publicará ni las dará a conocer en su programa.  Los que leen el boletín o la columna de Scott no deben verlas.  Parte de mi tarea es evitar que cunda el caos, y éstas son ideas bastante revolucionarias, especialmente si caen en las manos equivocadas.  No querrías que las masas dejen de trabajar, ni que dejen a sus niños interiores correr libremente por las calles ¿no es cierto?  ¡Sería un pandemonio!

Phil: Ah sí, me doy cuenta.  Muy bien, prometo no divulgar lo que dice ¡palabra de honor! (Phil cruza sus dedos detrás de la espalda, haciendo que su promesa sea nula.)

Jefe: Muy bien entonces, lo diré.  Scott está empezando a considerar que la aceptación incondicional, generalizada de sí mismo, podría ser más valiosa para su alma que presentarle batalla a sus defectos y deficiencias.  Se está volviendo más y más complaciente y paciente con él mismo, hasta imaginándose que hay alguna clase de ‘Propósito Divino’ en sus debilidades y traspiés, que está evolucionando y creciendo a un ritmo perfecto.  ¿Cómo podemos hacer nuestro trabajo ante ideas como ésas?

Además, cuando estaba divirtiéndose demasiado, le hacíamos recordar todo el sufrimiento en el mundo.  Contra esa táctica él no tenía defensas, y generalmente le aguábamos la fiesta enseguida.  Ahora sólo dispara, “Tanto más motivo para divertirse.  Alguien tiene que mantener la vibración de la alegría para que la gente dolorida se inspire para ver que hay otra manera.”

Ah, y otra cosa.  Scott realmente se está dedicando a la meditación últimamente, y eso es muy mala noticia para nosotros.  Cuando medita, entra en un estado de ser testigo, y sólo observa sus pensamientos y sentimientos sin juzgarlos ni tratar de hacerlo desaparecer.  A veces hasta observa a la Policía de la Diversión trabajando.  Cuando hace eso, no podemos hacer contacto con él para nada, porque está bajo el Programa de Protección de Testigos.

Phil: Ya veo porqué está preocupado por su trabajo.

Jefe: Y tengo que volver a él.  Scott está empezando a sonreír y reírse mientras tipea este artículo.

Phil: Bueno, Jefe, gracias por dedicarme su tiempo, y por su compromiso de servir y proteger a Scott de divertirse demasiado.

Chief: No hay problema.

 “¿Por qué es que los delfines saltan de alegría en el mar? ¿Por qué es que los pájaros cantan a la mañana?  ¿Por qué baila la tierra en los árboles y alcanza los bosques al sol? ¿Por qué juegan los niños?  El propósito de estos reinos es la diversión.  Este es un universo de recreo.  Cuando recuerdes el juego que elevaba tu corazón de niño, conocerás al corazón de Dios.”
-Ken Carey, El Tercer Milenio

 

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