Este es el tercer cuadernillo de una serie, cada uno de las cuales trata un  tema  particular de la moderna  enseñanza  espiritual  Un Curso de Milagros®.
Robert Perry generosamente ha permitido que Milagros en Red traduzca  y publique este trabajo de su autoría.
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Cada camino espiritual tiene sus formas de práctica y sus técnicas para permitir que de nuestros ojos caigan las escamas para que podamos ver.  Un Curso de Milagros® es un camino que convierte a nuestras relaciones humanas comunes en sadhana, nuestra práctica espiritual.  Según enseña, cada vez que nos encontramos con alguien tenemos una óptima oportunidad de quitarnos las pesadas capas con las que hemos tapado nuestra mente y así atisbar el Cristo, nuestro antiguo, olvidado Ser.

De verdad no tenemos la más mínima idea quién está parado a nuestro lado.  
    A tu lado se encuentra uno que te ofrece 
    el cáliz de la Expiación, pues el Espíritu Santo 
    está en él
    T-19.IV.D.13:1
    
    Este hermano que está a tu lado todavía te sigue
    pareciendo un extraño
    T-19.IV.D.12:1

Parece tan habitual, rutinario, tan común y corriente.  Si sólo pudiésemos ver más allá de todas nuestras ideas acerca de lo que es, ¿qué veríamos? La siguiente es una cita que se aplica al ver una mesa que puede emplearse igualmente a las personas y la he modificado para que se lea de esa forma:

Podrías, de hecho, alcanzar la visión valiéndote sólo de esa [persona], si pudieses abandonar todas tus ideas acerca de ella y mirarla con una mente completamente receptiva.  Tiene algo que mostrarte; algo bello, puro y de infinito valor, repleto de felicidad y esperanza.
L-pI.28.5:1-2

Si verdaderamente abriéramos los ojos, ¿qué veríamos? ¿Qué tiene para mostrarnos? Un Curso de Milagros® dice que veríamos algo
    tan santo y tan bello que apenas podrías contener
    el impulso de arrodillarte a sus pies
    L-pI.161-9:3

¡Imagínate cuán hermosos te parecerán todos aquellos a quienes hayas perdonado! En ninguna fantasía habrás visto nunca nada tan bello.  Nada de lo que ves aquí, ya sea en sueños o despierto, puede compararse con semejante belleza.  Y no habrá nada que valores tanto como esto ni nada que tengas en tanta estima.  Nada que recuerdes que en alguna ocasión hiciera cantar a tu corazón de alegría te brindó ni una mínima parte de la felicidad que esta visión ha de brindarte.  Pues gracias a ella podrás ver al Hijo de Dios.  Contemplarás la belleza que el Espíritu Santo adora contemplar, y por la que le da gracias al Padre (T-17.II.1:1-7).

Según el Curso, entonces, otra gente tiene infinito valor para nosotros. 
    Es imposible sobrestimar la valía de tu hermano
    T-20.V.3:1

Ellos son las ventanas en que vemos la eternidad.  Ellos son el lugar en que descubrimos nuestro Ser.  

    Tu santo Hijo me es señalado, 
    primero en mi hermano, y después en mí
    L-pII.357.1:2


Por alguna razón, somos capaces de ver el Cristo en otros antes de que verdaderamente lo veamos en nosotros mismos. 
    “...la caridad es una forma de percibir
    la perfección en otro aun cuando no puedas
    percibirla en ti mismo” 
    T-2.V.9:4

La idea de que en realidad somos un ser puro y amoroso, trascendente y divino va en contra de todo lo que creemos y experimentamos en este mundo.  Lo consideramos intelectualmente, y hasta lo practicamos incesantemente, tal como el Curso nos alienta a que lo hagamos.  Pero es tan increíble, tan radical, que aceptarlo verdadera y completamente parece estar más allá de nosotros.  Tal vez haya que probarlo en otros, una y otra vez, antes de poder aceptarlo realmente para nosotros.

Entonces ¿cómo destrabamos esta visión del Cristo en otra gente? El medio que nos da el Curso para esto es el perdón. Pero el perdón incluye muchas facetas y muchos conceptos relevantes. Este cuadernillo se ocupará de una faceta en particular del proceso de perdón.  Esta faceta podría llamarse entendiendo correctamente la naturaleza de los demás.  El perdón culmina en ver al otro como un puro y santo Hijo de Dios.  Sin embargo, ¿la gente es realmente así, o estamos simplemente engañándonos frente a lo que vemos en ellos? ¿Cómo pueden ser espíritus infinitos a la luz de las criaturas limitadas que parecen ser ahora? ¿Cómo pueden ser inocentes dadas las cosas feas que hacen? Este cuadernillo intentará contestar esas preguntas y delinear la visión exaltada que tiene el Curso de nosotros y los demás.


Sin embargo y antes de comenzar, necesitamos discutir brevemente el significado de la frase “viendo la faz de Cristo.”  ¿Qué quiere decir ver la faz de Cristo? Para comenzar, Cristo es una palabra que el Curso usa para referirse a nuestra Identidad espiritual colectiva.  Aunque en un sentido hay muchos Hijos de Dios, hay sólo un Cristo que nunca dejó Su hogar, el Ser en que nosotros y toda cosa viviente convergemos.  Detrás de los billones de ojos de la población mundial, entonces, sólo hay un Ser, el Cristo.   
    Cristo es el Ser que compartimos y que nos une
    a unos con otros, y también con Dios
    L-pII.6.1:2

Aunque el Cristo es muy real, en realidad es imposible verlo, pues el Cristo está completamente más allá de la percepción.  En la percepción  nosotros estamos aparte de lo que vemos y siempre deberemos verlo a través de las lentes de la interpretación.  Esto hace que la percepción sea inherentemente inestable, subjetiva e incierta.  El Cristo sólo puede conocerse en experiencia directa, sin mediador, en donde el sujeto y el objeto se disuelven en uno, una unidad que no experimenta algo aparte de sí, pero que es la experiencia en sí.

Por esto el Curso describe nuestra meta como la de ver la faz de Cristo.  La palabra “faz” implica percepción, una fachada externa, un símbolo o representación.  No vemos esta faz con nuestros ojos físicos, ni es una imagen visual vista internamente, en la imaginación.  Es una intuición interna, una sensación interna de santidad.  Es la conciencia directa de la mente respecto de la verdadera naturaleza de otro.

Ver la faz de Cristo en otro, entonces, es ver en esa persona el reflejo terrenal, perceptual, la “faz” de un Ser eterno que está más allá de toda forma y símbolo, un Ser que integra toda la humanidad y toda cosa viviente a través de los reinos del tiempo y del espacio.



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