Nos resulta fácil comprender que para poder dar algo hay que tenerlo. Es obvio. Más difícil es creer que dar en realidad incrementa lo que tenemos.

La clave para comprender esto, dice la lección, radica en el hecho que “las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas" (2:3). Para comprender cómo funciona el principio de dar que se explica aquí, tenemos que comenzar a reconocer que las “cosas” no son reales; los que sí son reales son los pensamientos que esas cosas reflejan. Esto no necesariamente está diciendo que si yo le doy $100 a un hermano que los necesita, inmediatamente habré de recibir $200 desde alguna otra fuente. Sin embargo, dice que cuando yo doy $100 sabiendo que el dinero no es más que una idea, en primer lugar estaré incrementando el pensamiento que atrajo el dinero hasta mí. Por lo tanto, a la larga resultará que hay más dinero, o más “riqueza y abundancia” de alguna forma. La forma puede ser idéntica o no. Pero cualquiera sea la forma, la lección nos dice que aquello que recibimos es siempre más valioso para el dador que lo que él ha dado (2:5-8).

Comencé a aprender esto directamente dando las ideas, tanto en mi grupo de estudio como en mis escritos. En verdad sucede que al dar estas ideas, las incremento en mí. Obtengo el mismo beneficio, si no mucho más, que cualquier otro que esté “recibiendo” de mí. Soy consciente que bendigo el mundo porque me bendigo a mi mismo; estoy haciendo esto para mi propio beneficio.

Es más difícil cuando se trata de cosas materiales.  No es tan fácil hacer la conexión que el dinero es sólo una idea, o que una cinta es sólo una idea, o que un libro es sólo una idea, o que un auto es sólo una idea. Aprendo de a poco. Entrego boletines que me cuestan dinero, creyendo que al final volverá a mi. Entrego horas de mi tiempo al grupo de estudio, creyendo que la retribución llegará. Todavía “siento” como que básicamente estoy dando. La retribución recién ha comenzado.

Pienso que cuando aprenda esta lección completamente no va a ser de gran importancia soltar la idea de autoría completamente y compartir todo lo que poseo con cualquiera que lo necesite. Pero todavía estoy algo lejos.

El párrafo siguiente (3) es muy importante. Dice que para dar salvación, debo primero aceptarla para mi mismo. Pero para saber que la tengo, tengo que darla. Esto debe significar que tengo que comenzar dando antes de saber que tengo! El regalo que el dar trae es saber que yo tengo el regalo que doy.

La lección nos aconseja proteger lo que tenemos, dándolo. Y me dice “Mas no le atribuyas valor a su forma” (4:3). En otras palabras, puede ser que no se te retribuya en la forma exacta en la que lo diste. Si doy $100, puedo recibir un regalo en forma diferente: un reproductor de cinta, software para la computadora, una oleada de energía física o cualquier otra cosa. Si doy un libro en particular, puede ser que no reciba esa forma particular nuevamente, y tengo que aprender a valorar sólo el pensamiento detrás de la forma. Es tonto valorar formas, ya que las formas cambian (4:4-5). Recordemos, cuando damos, que la retribución será en cualquier forma que mejor satisfaga tus necesidades (5:7-8).

Sólo te das a ti mismo” (6:1). Por lo tanto, si das continuamente, continuamente tienes. Cuando doy, nunca pierdo! Yo gano y también gana el destinatario de mi regalo, especialmente si aprende de mí a dar. Por lo tanto, no hay ningún sacrificio en dar, de hecho, el sacrificio es una idea ridícula (6:2). Si todos ganamos, ¿cómo puede llamarse sacrificio?

La lección claramente aplica esto a todas las formas de “dar” y a todas las formas de “sacrificio”, incluyendo las que se listan en 6:4. Cuando renuncio a la forma en que yo pensé que quería que tuviera una relación, según esta lección, yo recibo algo mucho mas benéfico. Quizás aprenda a aceptar el regalo de la auto suficiencia, por ejemplo.

Estoy seguro que esto también es verdad al ir haciendo otros “sacrificios”. Equivocadamente tengo miedo a la “pérdida” que habré de sentir cuando estas cosas estén ausentes de mi vida. No habrá sacrificio, no habrá pérdida. Aquello que recibiré excederá ampliamente la aparente pérdida. Y en verdad no estoy perdiendo nada que no sea una falsa identificación.

Por ejemplo, pienso que obtengo una cierta satisfacción y bienestar comiendo una buena comida. El placer del sabor, el placer de estar satisfecho. Falsamente identifico estos sentimientos con el objeto, la comida. Pero el placer, la satisfacción y el bienestar son sólo las ideas detrás de la comida. Si tengo que disociar la comida de esas ideas, no estaré renunciando a las ideas; estaría afirmándolas. Las retengo y crecen. Habrá placer, satisfacción y bienestar en otras formas, más duraderas y universales. Habré ganado la forma general al renunciar a la identificación específica de aquellas ideas con la “comida”.

En general, repetiremos el proceso de aparente renuncia, aparente sacrificio, hasta que aprendamos que la cosa no es la idea, que ninguna forma particular puede ser identificada con la idea detrás de ella. Al final, aprenderemos a no aferrarnos a ninguna forma, sino a valorar siempre el pensamiento en vez de la forma que el pensamiento toma.

Finalmente, vamos más allá de la idea de diferentes pensamientos para ver solo un Pensamiento – el inocente Hijo de Dios, el Cristo. Vemos ese Pensamiento en nosotros y lo damos “porque queremos verlo en todas partes”.


Esta reflexión forma parte de los Comentarios Sobre Las Lecciones del Libro de Ejercicios de UCDM. Haz clic aquí para acceder a la lista completa de comentarios de Allen Watson. 



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